Ventana a otros mundos. Y tú, ¿qué sueñas?

Nos adentramos al misterioso mundo de los sueños, abriendo una ventana a un mundo mágico, sin límites, un mundo en el que se ven reflejadas todas y cada una de aquellas partes de uno mismo, conscientes y aquellas no tan conscientes en su mayoría, creando multitud de universos y planos en los que podemos “jugar” con una realidad alternativa.

Os voy a contar una historia sobre una niña pequeña que se preguntaba por qué soñaba y, por qué soñaba esas cosas tan raras. Se despertaba muchas noches asustada, llorando y gritando: “¡Mamá!, ¡Mamá! ¿Por qué sueño estas cosas?”,  sintiendo que lo que había visto cuando dormía era real. Su madre la consolaba en sus despertares nocturnos diciéndole: “Tranquila, solo es un sueño, vuelve a dormir”. Había varias noches en las que se despertaba, viendo al otro lado de la habitación, en las sombras de la noche, la calavera de una vaca. Inundada por el miedo y los llantos, su madre aparecía, encendía la luz y, como cada noche que esto le pasaba a la niña, le decía: “Tranquila, solo es un sueño. ¿Ves como ahí no hay nada? Solo es tu imaginación”. Más adelante la madre descubrió que si que era su imaginación, pero combinada por el juego de luces de las farolas de la calle que entraban en su habitación a través de los agujeritos de la persiana. Lo que la madre no sabía era lo especial que eran los sueños de esta niña.

“Tranquila, solo es un sueño”, una frase común, rápida y fácil para sosegar a un niño o niña es esos momentos de miedo y ansiedad, pero, ¿sería lo más adecuado? ¿Qué le diríais a esta niña?

Todos los mamíferos soñamos, y “¿por qué soñamos?” sería una de las grandes preguntas en torno a este tema que sigue sin una respuesta única y que esta niña se hacía cada vez que se despertaba en medio de la noche. Existen diferentes tipos de visiones al respecto, desde la más escéptica, a la psicológica y a la biológica. Desde mi perspectiva, ninguna de ellas por si solas es suficiente para dar una respuesta certera y dado que no hay una respuesta única y validada por toda la comunidad, personalmente me tomo la libertad de quedarme con una amalgama de las diferentes visiones: Soñamos para favorecer el descanso y hacerlo más óptimo, por otro lado, para integrar las experiencias vividas, para poder expresar sin juicios nuestro gran abanico de miedos, deseos…, de forma metafórica o mágica mezclándolo con elementos de nuestra realidad, para así, al despertar, dar el simbolismo e interpretación necesarios y trabajar con nosotros mismos, con todas esas partes de uno y entendernos un poquito mejor.

Qué bien le hubiera ido esta respuesta en ese momento a esa niña: “No es solo un sueño, eres tú, forma parte de ti, ¿qué es lo que te da miedo?”. No obstante, no hubiera sido suficiente para ella, porque esta niña tenía aún más preguntas, preguntas más concretas. Ella quería saber por qué eran tan raras esas cosas que soñaba y el modo en el que se desarrollaba su sueño. A veces estaba en un sueño muy plácido donde los personajes empezaban a hincharse y adoptar forma de muñeco gordito, con las mejillas sonrojadas y suaves, y el paisaje era verde con grandes praderas, con un cielo despejado azul claro, con nubes esponjosas… Este escenario le hacía sentir bien, segura, tranquila, en paz. Pero de repente, empezaban a adelgazar hasta volverse demacrados y feos, el suelo desaparecía, y el cielo oscuro y negro empezaba a invadirlo todo. Esto la asustaba y ella decía para sí: “¡No, no, no! ¡Vuelve como antes!”. Y entonces volvían adoptar esa forma gordita y afable, pero en su transformación no había límite y se desfiguraban de tal manera que también le asustaba y volvía a decir: “¡No, no, no! ¡No tanto!”. Y pasando de un límite a otro, en un bucle sin fin hasta que decidía despertar cansada del vaivén y no poder encontrar el punto medio. “¿Por qué son raros? ¿Qué significa esto?”, se preguntaba nuestra pequeña protagonista.

            “¿Qué significan los sueños?”. Al igual que esta niña, otros se han hecho esta pregunta, la gran solicitada y respondida en multitud de bibliografía a lo largo de nuestra historia, desde la investigación más científica a la inspiración de historias y leyendas, incluso profecías y significados ocultos. Hoy en día, en las redes podemos encontrar diferentes fuentes de información que nos inundan con significados variados y generalizados para diferentes elementos y símbolos, podemos encontrar hasta diccionarios de sueños. Pero, ¿cuán parte de verdad y rigor tienen? Dentro de un mundo tan subjetivo como es el de los sueños, lo único que verdaderamente me arriesgo a afirmar es el que el significado válido sólo lo sabe uno mismo, sólo se lo puede dar uno. Cada sueño pertenece a esa persona y este está formado por toda su realidad: pensamientos, miedos, frustraciones, vivencias, ilusiones, sentimientos, creencias, deseos, ideas, proyectos, momentos, personalidad… Creando diferentes escenarios, personajes, historias, secuencias…

Muchos han intentando dar forma a algo que es personal e intransferible, y cualquiera que lo intente estará dando forma a un sueño con sus propias experiencias. Se ha de conocer en profundidad a una persona para poder ayudarla a que ella vislumbre el significado de sus sueños. Es una labor preferentemente indicada para el propio soñante. Buscar o darle un significado a nuestros sueños es una forma de conocernos aun más íntimamente ya que se nos presentan elementos que despiertos a lo mejor no somos capaces de ver o no queremos ver.

Esta niña, no sabía dar un significado en concreto a este sueño. Incluso hoy en día, sigue sin tenerlo claro aunque empieza a ver que podría significar. Pero, sueños como este, le mostraban algo que iba más allá, y despertaba su curiosidad por saber más y más sobre el mundo de los sueños.

Todos soñamos, pero,  “¿Cuándo soñamos? ¿Y cuántas veces?”. Mientras dormimos, tenemos una media de 5 sueños transcurridos a lo largo de la noche y vamos pasando por diferentes fases de forma cíclica durante la misma. Este dato, le dio mucho sentido a esa niña, ahora entendía porque a veces cuando despertaba tenía que esforzarse por dar un guión a su sueño, claro, no era solo uno, normal que a veces no los pudiera unir o saliera una película con escenas sumamente dispares. Y a medida que la niña iba respondiendo a sus preguntas sobre el mundo de los sueños, le decía a sus padres: “¡Mamá, papá! ¿Sabíais que soñamos unas 5 veces cada noche? Por eso me salen películas tan raras y largas.”

Principalmente, estas fases por las que pasamos cada noche se diferencian en dos, dato de gran difusión en nuestros días: la fase REM o sueño paradójico (Rapid Eye Movement o Movimiento Rápido de Ojos) que se alterna con el sueño lento (No REM). La fase REM recibe este nombre debido a que durante su transcurso, los ojos realizan rápidos movimientos de forma intermitente. Es importante mencionar, que estos movimientos musculares por parte de los ojos, son los únicos que pueden darse durante la fase REM, ya que es durante este periodo cuando el resto de músculos del cuerpo “se desactivan” impidiendo así que las personas se muevan acorde a lo que están soñando. El total del sueño paradójico es el 25% del sueño.

En el sueño lento, No REM, podemos diferenciar etapas desde el adormecimiento, al sueño ligero, profundo y delta. Cuando se descubrieron estas fases, se pensó que los sueños sólo ocurrían durante la fase REM, fase caracterizada por una mayor activación cerebral, pero se ha visto que en las fases No REM también se pueden experimentar sueños, pero con un contenido muy simbólico y carente de continuidad, hablaríamos, por ejemplo, de imágenes sueltas o sonidos sencillos. Y con esto, ¡vaya descubrimiento! La niña de nuestra historia, cada vez tiene las cosas más claras y le cuenta a sus padres bien emocionada: “¡Mamá!¡Papá! Ahora entiendo porque a veces recuerdo escenas sin apenas detalles, y otras, solo recuerdo detalles. ¿Sabías que el sueño tiene etapas?”.

Mediante el uso de un electroencefalograma podemos estudiar los distintos tipos de ondas sensoriales que intervienen en la actividad cerebral de la persona que está durmiendo y compararlas así con los estados de vigilia. De este modo, obtenemos los siguientes tipos de ondas con sus características: Ondas delta (1 a 4 Hz) y Ondas theta (4 a 8 Hz): Cuando dormimos profundamente sin estar soñando; Ondas alpha (8 a 19 Hz) y Ondas beta (19 a 30 Hz): Típicas de los estados de vigilia. La primera se da en estados de relajación, y la segunda en estados de alerta. Ambas pueden aparecer durante el estado REM y por tanto, mientras soñamos; Ondas gamma (más de 30 Hz): Este tipo de ondas son menos frecuentes, y se dan cuando hay actividad cerebral sincronizada y ampliamente extendida por diversos circuitos neuronales. Por ello, aparecen en estados de meditación o concentración profunda.

Como podemos observar, a grandes rasgos se puede decir que a mayor frecuencia de las ondas (es decir, a más hercios), mayor estado de conciencia. “¡Qué interesante! ¡Quiero saber más! Qué nombres tan raros tienen las ondas papá…”, dice nuestra niña. “Tienen nombres de las letras del alfabeto griego”, le dice su padre.

Y a todo esto, nuestra niña sigue contando su historia: “A veces, recuerdo muchas cosas, otras veces, no me acuerdo de casi nada, y otras nada de nada. Puedo pasarme mucho tiempo sin acordarme de nada, ¿por qué?”. “¿Por qué recordamos o no los sueños?”. A todos nos ha pasado, algunas mañanas, como a esta niña, recordamos vívidamente lo que soñamos, mientras que otras tenemos una vaga idea o no sabemos absolutamente nada de lo que pasó. Por otro lado, hay personas que tienen una gran facilidad para recordar con mucho detalle sus sueños, otras sin embargo, manifiestan no recordar nada o prácticamente nada.

Un equipo liderado por Perrine Ruby del Centro de Investigación de Neurociencia de Lyon (Francia), ha realizado un estudio sobre la actividad cerebral de los dos tipos de soñadores. Los resultados del estudio revelan que la unión temporoparietal (centro de procesamiento de información en el cerebro) es mucho más activa en las personas que recuerdan los sueños (y también lo es durante la vigilia). Gracias a este aumento de la actividad cerebral, se pueden provocar pequeños despertares durante la noche y favorecer así la codificación de esas fantasías en la memoria, porque “el cerebro dormido no es capaz de memorizar nueva información; tiene que despertar para poder hacer eso”, afirma la investigadora Perrine Ruby.

No obstante, dentro de nosotros también existen estos dos tipos de soñadores, ya que como a nuestra niña, a veces sí y a veces no. A partir de esta pregunta, se desencadenan multitud de teorías y con ellas diversos factores que intervienen en recordar o no los sueños: Para empezar, como la investigadora Perrine Ruby nos cuenta, el cerebro dormido no memoriza, el proceso de nuestro cerebro cuando dormimos es diferente y el tipo de ondas emitidas hace más difícil su proceso de sincronización y por ende su memorización. Se estima que olvidamos entre el 95% y el 99% del total de sueños en una noche y por lo general el recuerdo es vago.

Por otro lado, la intensidad emocional y el prestar atención, son de los factores más claros y a los que los investigadores ponen énfasis. Al igual que pasa en la vigilia, cuando estamos despiertos, recordamos aquello que nos ha impactado más emocionalmente sea de forma positiva o negativa, por eso algunos dicen que es más fácil recordar aquello que nos provocó ansiedad o miedo. Además, este hecho está interrelacionado con prestar atención. La atención es un proceso cognitivo primario para dar paso a la memoria. Es algo así como caminar o conducir el camino de casa al trabajo, una vez que está automatizado, a no ser que ocurra algo diferente que llame nuestra atención, no recordaremos nada, porque no estamos prestando ninguna atención.

Otras teorías hablan de que parece que las personas con una mayor memoria visual tienen más facilidad a la hora de recordar sus sueños; otras nos hablan del hecho que nuestros sueños sean importantes para nosotros facilita el recuerdo de los mismos; también, de que es más probable recordar solo el último o últimos sueños de la noche por estar más cerca al despertar; además, es más probable recordar el sueño si despertamos en mitad del sueño, en la fase REM, sin haber completado el ciclo; otras como la variante psicoanalista, que dice que nuestros sueños son deseos que tenemos, y que si no los recordamos es porque nuestro cerebro los bloquea si no estamos preparados para manejarlos, y nos resultarían traumáticos; otras hablan de sueños que no recordamos porque no son interesantes; otras anuncian que no recordamos lo que soñamos porque es poco comprensible como para que nuestra mente despierta le encuentre un sentido; los sueños kinestésicos son otra opción válida, perdemos los movimientos físicos que hacemos dormidos cuando nos movemos por primera vez despiertos; o incluso el nivel hormonal puede afectar a nuestra actividad onírica.

Como podemos ver, no parece haber una respuesta clara, como en la mayoría de preguntas que nos hacemos en este intrigante mundo de sueños, pero parece que la niña de nuestra historia tiene algo que decir al respecto: “Entonces, ¿es normal que olvide muchas cosas, pero que las que recuerde sean malas porque me dan miedo, o son importantes? Y, que recuerde muchos detalles, ¿puede ser porque mi memoria visual es buena? Soy buena jugando al “memory”, siempre le gano a mi mamá. Pero, si las cosas que me hacen daño no debería de recordarlas ¿por qué las recuerdo? Y aunque no entienda algunos sueños, también me acuerdo… Para mí son importantes lo sueños, como son tan raros… Y, ¿por eso los recuerdo? A veces me acuerdo de toda una película rara, y otras veces es un trocito muy corto, ¿es porque a veces solo recordamos lo último?”. Esta pequeña sigue teniendo muchas preguntas y es una lástima que no podamos darle una respuesta certera y única, ella sola ya nos ha tirado por tierra algunas especulaciones y verificado otras, de modo que hemos podido esclarecer un poquito esa niebla que rodea a la pregunta de “¿por qué recordamos o no los sueños?”.

“Mamá, ¿tu cuando sueñas sabes que estás soñando? ¿Y tú, papá?” Ante esta pregunta, la madre de nuestra pequeña protagonista le responde: “No, lo sé por la mañana cuando me despierto. O si algo me asusta y el sueño me despierta. Pero cuando estoy soñando solo estoy soñando. Es lo normal”. Nuestra pequeña le dice entonces: “Pues a mí no me pasa eso, yo sé que estoy soñando y muchas veces, no siempre, puedo escoger que hacer”. “¿No será que eso es lo que crees? Cuando sueñas lo vives como si fuera verdad, pero no significa que puedas escoger”. Le dice la madre. “¡No! ¡Yo lo escojo! ¿Te acuerdas de esa película que te expliqué de “La Cosa”? Pues le estuve dando diferentes finales hasta que me gustó, y sabía que estaba soñando, no me desperté”. A esto, que su padre le dice: “Eso es muy difícil, yo sé que sueño cuando me despierto y si me acuerdo…”. “Pues yo sé hacerlo”, le responde la niña, sintiéndose incomprendida y sola.

Otra cuestión curiosa en referencia a este mundo, de la cual sí que se han hecho diferentes estudios con respuestas más esclarecedoras, es la capacidad de algunas personas, como le pasa a nuestra pequeña, en ser conscientes de sus sueños e incluso ser participes de ello, “¿qué son los sueños lúcidos? ¿con qué está relacionado?”. A estos sueños, como previamente se anuncia, se les llama sueños lúcidos y se caracterizan por ser sueños en los que la persona en cuestión puede manipularlos a su antojo, hacer y deshacer aquellas cosas que van sucediendo a lo largo del sueño, como si estuviera en un estado de semiconsciencia. Se utiliza el término “lúcido” como sinónimo de “consciente”, término introducido en 1867 por el escritor, psicólogo y especialista en sueños francés Léon d’Hervey de Saint-Denys, en su obra Los sueños y cómo controlarlos. La mayoría de los sueños lúcidos sucede en la etapa de sueño paradójico y mediante un proceso fortuito o desencadenado con el aprendizaje. La capacidad de reconocer y controlar los sueños ya se menciona en textos budistas del siglo VII, y en Occidente se ha estudiado el fenómeno en condiciones de laboratorio desde finales de los años 1970. Estudios recientes han demostrado que este fenómeno lo han experimentado al menos una vez entre el 47 y el 82% de la población. La mayoría de estas personas, esos momentos de lucidez son raros y muy fugaces, aunque el psicólogo Joe Green asegura que no tiene por qué ser así. Según afirma Green, la lucidez es una habilidad que puede desarrollarse y perfeccionarse y que él mismo lleva décadas utilizando en sus terapias con resultados satisfactorios. “Con la motivación adecuada”, explica en una entrevista, “casi cualquiera puede tener sueños lúcidos”.

Por su parte, Gerald Edelman, premio Nobel de Fisiología/Medicina a través de sus investigaciones establece que la conciencia no representa una contraposición de “blanco o negro”, sino que se describe como una línea continua con dos polos extremos, que contiene a su vez, distintos y numerosos estados posibles. Si a esto le añadimos la anterior descripción de los tipos de ondas que se dan en estado de vigilia y sueño, se puede concluir que durante el sueño lúcido aparecen dos patrones que normalmente suelen darse por separado. Por un lado, aparecen ondas que se dan cuando estamos despiertos o incluso ocupados en tareas concretas que requiere un nivel alto de concentración (como estudiar). Y por otro, aparecen también ondas, típicas de los estados de sueño normales (en especial, en los lóbulos temporales y parietal).

Michael Schredl y Daniel Erlacher, en el Instituto Central de Salud Mental en Mannheim, Alemania, hicieron una investigación muy reveladora relacionando los sueños lúcidos con factores de personalidad. Se encontró una pequeña correlación entre la probabilidad de experimentar sueños lúcidos y el rasgo “apertura a la experiencia”.  Podemos definir Apertura a la experiencia como la disposición interna orientada a ampliar los límites de la conciencia, que se manifiesta en curiosidad por el entorno y en iniciativas para conocer y explorar. A diferencia de las personas que se encierran en sí mismas o que actúan defensivamente, quienes poseen apertura a la experiencia sondean siempre distintas direcciones, formulan preguntas y muestran una alta motivación para asumir nuevas experiencias.

Después de toda esta información, nuestra pequeña puede sentirse algo más abrazada. Algo que para ella es raro y especial, aunque sigue siéndolo, no es algo que solo experimente ella, sino que es algo que incluso se puede aprender. “Es bonito saber que no soy la única, aunque apenas me he encontrado con nadie, pero… los sueños lúcidos no son siempre igual, a veces puedo, otras veces quiero y no puedo, hay veces que paso a ser una observadora, otras que soy la protagonista… ¿qué significa esto? ¿por qué pasa esto?”. Como en prácticamente todos los aspectos que rodean a este fascinante mundo de sueños, hay preguntas que no podemos contestar tan fácilmente y que probablemente sólo ella pueda contestar a esas preguntas en cuestión. La pregunta que concierne ahora, para aquellos que no han experimentado un sueño lúcido, es: ¿Pero, cómo podemos controlar nuestros sueños? Los ejercicios de autosugestión son la clave. El primer paso consiste en recordar lo soñado, proponiéndose recordar el sueño antes de ir a dormir y en el momento de despertar, anotarlos en una libreta. Y por otro lado, preguntarse algo como: “¿Sigo todavía despierto o ya estoy durmiendo?”, aumentan la probabilidad de fases conscientes durante el sueño. Es importante no decepcionarse con los primeros resultados. Es un arte que requiere de práctica y disciplina y que a nuestra pequeña le ha venido dado.

Pero… y ¿para qué puede servir tener sueños lúcidos? La principal utilidad que tienen los sueños lucidos y el primer ámbito en el que se ha aplicado es para ayudar en terapias contra las pesadillas. Ya que, durante el transcurso de una pesadilla, mediante el uso de la consciencia la persona pueda distanciarse de los temores y eliminar la carga emocional irracional. Por un lado, se está viendo y desarrollando otro apasionante campo: La posibilidad de aprender secuencias de movimientos practicándolos en los sueños lúcidos, como los que tienen que aprender los deportistas. Por otro lado, se ha visto también que los sueños lucidos son más frecuentes durante la infancia. Probablemente esto se deba a que el lóbulo frontal (encargado de tareas como, focalizar la atención, planificar, controlar e inhibir conductas o impulsos…) no está todavía fuertemente conectado con otras áreas sensoriales del cerebro, facilitando así una comunicación neuronal inestable.

Nuestra niña, que como todo pequeño crece, hoy nos dice: “Hoy sigo teniendo sueños lúcidos, no conozco otra manera de soñar, aunque dentro de su categoría hay un sin fin de formas. Además me gusta y me ayuda a conocerme, creo que esa sería la principal utilidad de ellos, ya que te permiten vivir multitud de realidades que puedes moldear casi como si estuvieras despierto. No significa que siempre sea así, los sueños vienen, te das cuenta que sueñas y puedes hacer de observador, de protagonista, escogerlo todo, a veces solo escoges ciertas cosas, puede repetir una escena si no te gustó el resultado, aunque hay veces que no consigues el resultado que querías. No siempre es lo mismo y por eso es más divertido.  Y aunque , leyendo y aclarando ciertas cosas sigo teniendo un sin fin de preguntas: ¿Por qué se repiten algunos sueños? ¿Es porque te quieren decir algo importante? ¿Por qué a veces si a veces no? ¿Son obstáculos de la vida real que se presentan así y por eso no puedo cambiarlo ni en sueños? ¿Qué otros rasgos de personalidad están relacionados? ¿Tener algún grado de sonambulismo tiene algo que ver?“.

Vamos por partes: Tener sueños recurrentes puede significar que el inconsciente trata de enviar cierta información que no puedes captar por ti mismo y te lo intenta decir de alguna manera repetitiva hasta que le hagas caso. Pero como he mencionado anteriormente, cada cual ha de dar el significado que considere, ya que los sueños no dejan de ser una de las partes más profundas de nuestra psique.

Por otra parte y para concluir, parece que, como hemos mencionado en una anterior investigación, el rasgo de apertura a la experiencia está relacionado con personas con sueños lúcidos, dato además que nuestra pequeña nos corrobora. Pero más allá de esta investigación en concreto, hay muchas hipótesis a formular y por contestar, por lo que requerimos de más estudios y experiencias en este tema para poder seguir nuestro viaje esclareciendo las profundidades de este enigmático, misterioso y embaucador mundo de sueños. Y tú, ¿qué sueñas? ¿Continuamos el viaje?

Eva Maria Sances Cara. Psicóloga Col. 22.298

Un adiós premeditado

Ante la notícia del suicidio de Robin Williams se ha despertado una lluvia de movimiento en internet. En homenaje a este gran artísta, que tras muchos años de bailar en la cuerda de la inestabilidad emocional ha decidio dejarnos para estar en todas partes, les dejo esta carta:

UN BIPOLAR ANTE EL SUICIDIO DE ROBIN WILLIAMS

 

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¿Qué experimenta un bipolar cuando se suicida otro bipolar? Aunque no se ha comentado demasiado, Robin Williams era bipolar. La lista de actores que sufren esta patología es notable e incluye a Stephen Fry, Catherine Zeta-Jones, Jim Carrey, Ben Stiller, Mel  Gibson, Richard Dreyfuss. Todo indica que Williams primero intentó cortarse las venas, pero probablemente no pudo soportar el dolor. Las venas se resisten a liberar su carga, casi como un niño que lucha para no dormirse porque tiene miedo a la oscuridad. Sin embargo, cuando el deseo de morir se ha apoderado de la mente, no se desiste con facilidad. Por eso, el famoso actor cambió de método, ahorcándose con un cinturón. Al parecer, escogió la noche para decir adiós. Tal vez le empujó el insomnio, un adversario particularmente cruel. La desesperación se agudiza cuando el mundo escatima su tregua diaria, esa pequeña muerte que paradójicamente nos ayuda a vivir, suspendiendo por unas horas el mundo real. Los bipolares raramente disfrutan de un sueño reparador. Yo sufro continuas pesadillas. Sueño que me ahogo, que mi piel arde y se desprende como las pavesas de una hoguera, que mi garganta intenta articular sonidos y solo produce estertores, que mis ojos hormiguean con miles de insectos agitándose debajo de los párpados. Suelo levantarme agotado y confuso, pero el turbulento mundo de los sueños me resulta más tolerable que mi rostro en el espejo, maltratado y envejecido por un dolor obstinado.

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No voy a ocultar que la muerte de Robin Williams me ha afectado. Tengo 50 años, escribo, soy bipolar, no tengo hijos, he sobrevivido a varios intentos de suicidio y he perdido la esperanza de vivir sin el lastre de la angustia, la tristeza y la ansiedad. El trastorno bipolar recorta la esperanza de vida en diez, veinte, treinta años. Cada estudio arroja un resultado diferente. Mi hermano Juan Luis hundió la cabeza en un horno y abrió las espitas del gas con cuarenta años. No albergaba convicciones religiosas, pero escenificó su muerte con una hilera de crucifijos, alineados en el pasillo que conducía a la cocina. Era mi hermano, pero también una ausencia que yo he combatido reelaborando mis recuerdos, pues no soportaba el contraste entre la realidad y el deseo. Si miro hacia atrás, hay más vacíos que vivencias compartidas. En muchos aspectos, fuimos dos desconocidos que se encontraban de tarde en tarde, fracasando una y otra vez en el propósito de tejer una relación basada en el afecto y la comprensión. Nuestra impotencia para llegar al otro no impidió que naufragáramos en las mismas aguas. Si alguien examina nuestras vidas, advertirá grandes diferencias, pero también se preguntará si no éramos la misma persona, bordeando los mismos abismos. Quizás yo he vivido diez años de más, pero el anhelo de escribir me empuja a seguir aquí. Percibo mis días como páginas que avanzan entre el sufrimiento y el anhelo de felicidad. A estas alturas, tal vez solo soy palabras que se resisten a morir.

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Robin Williams no era uno de mis actores favoritos. Es indudable que tenía talento, pero quizás por mi edad estoy más cerca de Montgomery Clift o Marilyn Monroe. Los dos eran bipolares, autodestructivos y profundamente desdichados. Monty se maltrató a conciencia, abusando de las drogas y el alcohol. Apenas superó los cuarenta años. Marilyn vivió menos. La noche del 5 de agosto de 1962 su cuerpo se rindió ante un cóctel de barbitúricos. Al parecer, mezcló Nembutal (pentobarbital) y Seconal (secobarbital), una combinación fatal que solo fue posible porque su médico de cabecera y su psiquiatra no compartían información. Todo indica que esta vez no buscaba la muerte, pero sí unas horas de sueño, con la desesperación del que ha sobrevivido a duras penas a feroces insomnios. Nunca sabremos las causas y circunstancias exactas de su muerte. Sin embargo, hay incontables testimonios sobre sus fallidos intentos de suicidio, que evidencian su inestabilidad emocional. Ser inestable no es una elección, sino un estado del alma que brota de una interminable herida. No sé cuál era la herida de Robin Williams, que agravó su desorden interior con previsibles adicciones. Previsibles porque el alcohol y las drogas mitigan la depresión, induciendo una alegría tan artificial como efímera. De joven consumí ácidos y cocaína. Solo fue un contacto fugaz, pero no he olvidado su efecto. Al principio, experimentas euforia, excitación y una ilimitada confianza en ti mismo. Hablas durante horas, con una aparente clarividencia. Sientes que por fin has logrado desembarazarte de cualquier inhibición o complejo, pero solo es un cruel espejismo. La avalancha de palabras, hallazgos e intuiciones se detiene poco a poco y de repente comienza una vertiginosa caída. Parece que has saltado por la ventana de un patio interior, con las paredes de color ceniza y un suelo que se prepara para destrozar tu cuerpo, transformando tu cerebro en una medusa moribunda. Al parecer, Robin Williams había superado sus adicciones, pero no la depresión, que se había agudizado durante las últimas semanas. Cuando encontraron su cuerpo, se hallaba casi sentado. Mi hermano estaba de rodillas, con los pies descalzos. Ambas imágenes son desoladoras, pues reflejan indefensión y fragilidad, pero también una profunda determinación de morir.

El suicidio no es una elección libre y racional, sino un impulso incontrolable. Yo celebro estar vivo. Entre 1993 y 2007, busqué la muerte en varias ocasiones, combinando antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos, pero desde que empecé a escribir literatura la perspectiva del suicidio perdió fuerza y ahora solo es un lejano fantasma. El suicidio de Robin Williams ha resucitado ese fantasma, pero no como una posibilidad, sino como un doloroso recuerdo. He pensado en Margaux Hemingway, que se suicidó el 1 de julio de 1996. No era una fecha cualquiera, sino el aniversario del suicidio de su abuelo, Ernest Hemingway, el gigantón que amaba el boxeo, los toros, la caza, la guerra, y que en la madrugada del 2 de julio de 1961 se voló los sesos con su escopeta favorita, una Boss calibre 12. Hemingway conservaba la pistola Smith & Wesson con la que se suicidó su padre, el médico Clarence Edmonds. Clarence se pegó un tiro en la cabeza mientras se encontraba en el despacho de su consultorio. Cuando recibió la noticia, el escritor comentó: “Probablemente yo voy por el mismo camino”. Al igual que su abuelo, Margaux sufría trastorno bipolar. Se quitó la vida en su apartamento  de Santa Mónica, California, utilizando una sobredosis de fenobarbital. Tenía 42 años. Dejó un bloc de notas, pero arrancó algunas hojas y las quemó. En las primeras páginas se leía: “Amor, curación, protección perpetua para Margot”. También quemó incienso, hizo un montoncito con sal, alineó dos velas y depositó un ramo de flores blancas en la mesilla de noche. A la izquierda de su cama, colocó un osito Teddy, quizás por nostalgia de la infancia, pese a que siempre manifestó que de pequeña había sido muy desgraciada. Al examinar el cuadro, algunos pensaron que pretendía formular un conjuro contra la muerte, pero tal vez solo quiso escenificar su suicidio. El suicidio es una ceremonia privada abocada a convertirse en acontecimiento público, especialmente si eres un artista. Quizás Margaux nos dejó un mensaje que no sabemos interpretar o solo nos quiso decir adiós a su manera.

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Sobrevivir a un suicidio no produce alivio, sino rabia y frustración. Es un nuevo fracaso en una vida marcada por los sentimientos de fracaso, pero eso no significa que resulte deseable tener éxito, pues el que se mata deja un rastro terrible en su entorno. De alguna manera mata a los que le querían. Yo no soy capaz de pensar en mi hermano sin recordar su suicidio. Sus fotos descansan en un álbum, lejos de la vista, pues su imagen está inevitablemente asociada a su trágica muerte. No le he olvidado. Simplemente, no soporto la sombra del suicidio, dibujándose en una mesa o una repisa. Yo no deseo añadir un nuevo drama a la historia de mi familia. Quiero vivir, tengo muchas ganas de vivir. Pienso que solo he empezado una segunda navegación como escritor, después de pasar quince años en la enseñanza y un lustro como investigador y bibliotecario. Robin Williams nos deja el mismo año que Philip Seymour Hoffman, que se inyectó una explosiva mezcla de heroína, cocaína, benzodiacepinas y anfetaminas. Ambos sucumbieron a sus demonios interiores. Hoffman comentó a sus amigos: “Sé que voy a morir”, pues seis semanas antes había superado de milagro una sobredosis. Incapaz de controlar su adicción, consumía también grandes cantidades de alcohol. Se puede decir que también se suicidó, pues alcohol, drogas y enfermedad mental suelen bailar en la misma cuerda, sin ignorar que antes o después caerán al vacío. Yo me he enamorado de las palabras y eso me ha salvado. Ahora me dedico a seguir los pasos de la luz, embriagándome con su belleza. No hay mucho más. La realidad solo es eso y quizás sea lo mejor, pues nuestra conciencia no podría soportar la carga de la infinitud. Robin Williams no ha sido acogido por un Dios compasivo. Está con nosotros, invitándonos a darle la espalda a la melancolía. No se me ocurre mejor homenaje que mirar al cielo y sencillamente sonreír.

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RAFAEL NARBONA

http://rafaelnarbona.es/?p=8757

Felicidad vs Adversidad

Un ejemplo que nos ilustra que, a pesar de tener obstacúlos en nuestra vida, sean una multitud de ellos o sean pocos pero graves, siempre hay cavida a la felicidad, sólo depende de nuestra propia filosofia de vida y de nuestra manera de enfrentarnos a ellos.

Sin palabras.

http://www.upsocl.com/comunidad/justo-antes-de-morir-de-una-rara-enfermedad-cronica-sam-revelo-sus-tres-secretos-para-la-felicidad/

 

Otra pequeña y breve ilustración:

http://www.upsocl.com/inspiracion/nunca-pense-que-un-comic-me-podria-hacer-llorar-pero-aqui-estoy-lagrimas-y-todo/

Experimentos de la hª de la psicología

En la historia de la psicología se han hecho multitud de experimentos para indagar y descubrir cada vez más sobre la mente humana.

Algunos de ellos, por suerte o por desgracia, se descontrolaron dando resultados alarmantes en distintos sentidos.

En los siguientes enlaces hacen una recopilación de los más famosos, entre ellos, el experimento de Milgram y el de la cárcel de Stanford.

Pero el más alarmante es el experimento del sueño de Rusia. A pesar de que no está constatado que sea cierto, aunque no lo fuera, sigue siendo sorprendente. La sinopsis del experimento consiste en: 5 presos políticos son encerrados en una cámara aislada, solo con un microfono como único medio de comunicación con el exterior. Los experimentadores los proveen de comida y agua para un mes. El experimento consiste en suministrar un gas estimulante que no les permite dormir. A los 2 días empiezan a haber anormalidades.

Os adjunto la historia por si es de vuestro interés en todo su detalle en los siguientes links. Las imágenes son de alto impacto y no recomendable para aquellas personas con mayor sensibilidad.

http://www.russiansleepexperiment.com (inglés sin imágenes)

http://larealidadperdida.blogspot.com.es/2013/08/un-experimento-ruso-de-1940-consiguio.html (español con imágenes)

 

Cuentos: Las emociones

Había una vez…

Un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua…

Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

Del libro Cuentos para pensar, de Jorge Bucay

Las TIC, ¿amigas o enemigas?

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) que incluyen televisión (TV), radio, música, videojuegos, telefonía, internet… tienen repercusiones tanto positivas como negativas en la población infantil y juvenil, todo depende de su uso. Debido a esto, las autoridades de salud de muchos países han implementado políticas y medidas reguladoras y de educación para los niños y sus familias.

Por una parte, la televisión permite a los niños y niñas desarrollar una gran sensibilidad y conocimiento, además de estar entretenidos y permitir que sus padres puedan hacer otras tareas con tranquilidad. Documentales sobre el mundo animal y el ambiente o programas como “Barrio Sésamo” han sido un ejemplo para aprender valores y conductas positivas sobre la diversidad racial y cultural, tolerancia, cooperación, amabilidad, aritmética simple y vocabulario.

Además, la televisión y particularmente los videojuegos, pueden ser una poderosa herramienta educativa. En el caso de los videojuegos, el niño/a no solo es un espectador, si no que interactúa y se transforma en el actor principal del juego, de manera que consigue la atención absoluta del jugador y tiene un refuerzo positivo a la acción ejecutada de forma inmediata. En consecuencia, si el juego es imaginativo contribuye al desarrollo precoz de estas destrezas de forma que se predice la habilidad para ser creativo y generar soluciones alternativas en los problemas de la vida diaria. En el caso de que sea violento, la conducta violenta será aprendida fácilmente.

Factores como el tiempo de exposición a la pantalla, el tipo de imágenes y escenas que ven, la susceptibilidad individual o estar o no acompañados por los padres determinan el tipo de repercusión incluyendo: trastornos del sueño, miedos, la conducta agresiva y violenta, trastornos de alimentación como la anorexia o la bulimia, pobre autoimagen, uso y abuso de sustancies, trivialización del sexo y la sexualidad, actividad sexual precoz, incremento de la pasividad y abulia, obesidad, desaprovechamiento del tiempo y perdida de la posibilidad de aprender y ejercitar conductas sociales positives.

Por ejemplo, en los niños menores de 5 años existe una marcada capacidad de fantasía y  perciben las imágenes de la TV como reales y verdaderas y, hasta los 10 años su capacidad de razonamiento crítico y relacional está limitado. Por lo que, novelas televisivas o telenoticias de alto sensacionalismo y dureza de imágenes pueden provocar trastornos del sueño que alteran su cotidianidad. Una alternativa para minimizar el impacto emocional es acceder a les noticias por medios escritos.

Respecto al período adolescente, es una etapa de desorganización de la personalidad y inestabilidad de las conductas, donde la dinámica central es encontrarse a sí mismo y autodefinirse. Las investigaciones han demostrado que los adolescentes expuestos a mayor contenido sexual en los medios tienen más probabilidades de iniciar la actividad sexual de forma precoz. Otro estudio demostró una relación significativa entre la cantidad de tiempo que se pasó viendo la televisión durante la adolescencia y el inicio de la etapa adulta, y la probabilidad de actos agresivos posteriores a terceros, relación que se mantiene incluso de tener controladas variables como la conducta agresiva anterior, abandono infantil, ingreso familiar, violencia en el barrio, educación de los padres y afecciones psiquiátricas.

Por otra parte, respecto a la publicidad, en infantes tiene una gran influencia en promover el consumismo infantil y en generar presión a los padres para comprar determinadas marcas, a la vez que puede generar frustración i violencia. Se ha demostrado que los menores de 8 años están cognitivamente y psicológicamente indefensos frente a la publicidad, no entienden la diferencia entre un programa creado para entretener y otro comercial para vender. Además que un exceso de exposición a programas de entretenimiento tiene una clara y negativa influencia en la capacidad de comprender la lectura y, por ende, en su rendimiento académico.

En adolescentes, la publicidad establece patrones de belleza que ejercen presión en los jóvenes. Debemos tener en cuenta su vulnerabilidad entorno a la autoimagen, que repercute en su autoestima y autoconcepto y puede contribuir así a desarrollar trastornos de la conducta alimentaria.

Además, también hay que tener en cuenta el efecto mimético directo que se da tanto en niños como en adultos. Cuando estos son expuestos a grandes dosis de espectáculos violentos pueden llegar a ser más agresivos o a desarrollar, con el tiempo, actitudes favorables en el uso de la violencia como medio para resolver conflictos.

Los niños aprenden por observación y probando los patrones conductuales. Una repetida exposición a patrones violentos puedes llevar a aumentar sentimientos de hostilidad, desensibilización al dolor en los otros, aumentar la probabilidad de interactuar y responder a otros con violencia.

Otro efecto más indirecto es la insensibilización. Cuanto más se está expuesto a grandes cantidades en la pantalla, pueden hacerse menos sensibles a la violencia del mundo real, menos sensibles al sufrimiento ajeno y más predisposición a tolerar el aumento de violencia en la vida social.

Para poder prevenir estas repercusiones, se debe crear conciencia precozmente en la vida del niño y su familia sobre los efectos de TV, videojuegos y otras TIC y establecer claramente las reglas y el buen uso de estas tecnologías, como:

  • Se debe promover que la exposición a medios sea en familia y discutir su contenido. En los niños se debe promover un análisis crítico respecto a lo que ven. Comentar con los niños sobre la violencia y el sufrimiento que esta provoca.
  • Los padres deben ayudar a los niños a diferenciar realidad de fantasía, especialmente en relación al sexo, violencia y comerciales.
  • El tiempo de pantalla debe ser limitado a 1,5 horas los días de clases y a 2 horas los fines de semana y vacaciones. No encender la TV al azar.
  • Una hora antes de dormir sin TV ni PC (promover la higiene del sueño): la falta de sueño provoca al día siguiente distractibilidad e irritabilidad.
  • No se debe permitir que niños tengan TV, PC o Consolas de videojuegos en sus dormitorios. Especialmente Internet debe estar en un lugar de paso, y las claves de acceso deben ser comunes a toda la familia.
  • Enseñar a padres a chequear, previo al uso o compra de un videojuego, las edades para el cual está permitido, a través del sello que traen en las cajas o través de página web: http://www.esrb.org
  • En los niños mayores promover la planificación de los programas a ver y sus horarios.

Hagamos lo posible por promover un desarrollo óptimo a los nuestros mostrándoles un mundo más allá de las nuevas tecnologías, y en su defecto promoviendo un buen uso de estas.

http://www.upsocl.com/ciencia-y-tecnologia/un-divertido-corto-animado-sobre-la-lucha-de-algunas-madres-por-alejar-a-sus-hijos-de-los-videojuegos/

Aborto: ¿a qué nos enfrentamos?

Encontramos en la red historias de casos reales de abortos dramáticos, envueltos de culpabilidad y arrepentimiento y consecuencias terribles en relación a la salud tanto física como mental. “Tenía 19 años cuando cometí el peor de los crímenes: maté a mi bebé”,  “Nunca más pude tener hijos”,  “Mi novio me dejó”, “Mi madre me obligó”… Historias que se repiten en diferentes páginas, conservando la confidencialidad, que generan en respuesta testimonios como este:

P. (14/09/2007, 13:19): “Harta de ver “historias reales” en que abortar se convierte en un horror (y que son falsas), expongo mi historia, que sí es real: Tenía 19 años, estudiaba un módulo de administración, tenía un novio que pasaba un poco de mí, pero lo tenía. (…) el preservativo debió romperse (no lo comprobamos (…). Estaba embarazada. Se me cayó el mundo encima. Fui a mi ex y se lo comenté. No supe más de él. Entonces creí morir. No sabía qué hacer, me veía sola, sin dinero, sin nada y con un bebé. Tenía tantos planes (…) Lo pensé y lo medité mucho y al final fui a planificación familiar y me informé. (…) Pues aborté, yo sola, en la clínica. Sin decir nada a nadie, porque por desgracia la sociedad todavía no admite el aborto como un derecho o una elección. Ahora soy técnico administrativo, cada vez más importante en mi empresa, tengo un novio maravilloso, al cual le conté esta historia y no le importa nada, tengo a mi familia que me adora. En fin, gracias a mi decisión he podido cumplir mis ilusiones y vivir mi vida. No me arrepiento de lo que hice, y jamás lo haré, es algo que tenía que hacer. Sufrí mucho en su momento, claro que sí! Fue duro, yo sola. Pero, lo afronté. (…)”.

A continuación, os presento otros testimonios recogidos a través de entrevistas personales (los nombres son falsos con el fin de mantener la confidencialidad). Gracias a todas ellas por participar e inspirar este artículo:

Raquel, 35 años: “Cuando tenía 22 años me quedé embarazada de mí pareja. Yo estaba decidida a llevar a cabo el embarazado, pero mi pareja no y me dejó. A pesar de esto, continué sola, yo quería tenerlo y no me importaba si era sola o acompañada. Durante todo el embarazo tuve pérdidas de sangre y al sexto mes, por consejo del médico, realizamos el aborto inducido ya que el bebé podría tener malformaciones al nacer y el embarazo no iba bien. Fue muy duro para mí durante el primer mes después de la pérdida. Los años siguientes es inevitable recordarlo en la fecha. No me arrepiento de haberlo hecho, ambos estábamos en riesgo. Hoy en día soy feliz, y aunque aun no tengo hijos por circunstancias de pareja, los tendré.”

María, 59 años: “A los 32 años, después de haber tenido 3 hijos, estaba terminando de estudiar mi carrera que había abandonado a los 19 cuando tuve mi primera hija, y me quedé embarazada de mi marido. Decidí abortar porque no quería tener más. Fue una decisión premeditada, hablada con mi marido y contando su apoyo, estaba muy segura y convencida de lo que estaba haciendo, y sigo estándolo. (…) Exageré mi situación con tal de asegurarme que me concedieran lo que considero mi derecho a decidir sobre mi vida”.

Juana, 56 años: “Aborté con 29 años. No tenía trabajo, ni pareja, mi embarazo fue fruto de una relación esporádica. Tuve que desplazarme a la Clínica de “x” y me realicé el aborto. Ese día tuve molestias, sobre todo por el viaje de vuelta en autobús, pero básicamente era como un dolor de regla fuerte. Me fui a pasar el fin de semana con una amiga (…) Hoy en día, estoy casada y tengo dos hijos preciosos y no me arrepiento en absoluto de haber tomado esa decisión, no era el momento, de no haberlo hecho así, tendría que haber acarreado un hijo sin padre y sin dinero ¿cómo le hubiera dado una vida digna?”.

Pilar, 21 años: “En febrero hizo dos años. Me quedé embarazada y todos los factores de mi alrededor apostaban en contra de continuar el embarazo. Estaba estudiando, tenía una pareja, con la que actualmente ya no estoy, mis padres no veían bien que tuviera un hijo tan joven y además soy diabética y mi médico me dejó claro desde que era pequeña que era un riesgo a la hora de pasar por un embarazo. Así que aborté. Por mi lo hubiera tenido pero todo mi entorno me llevaba a lo contrario.  Desde entonces mis ciclos no son regulares y me asusto ante la idea de quedarme embarazada.

Los casos de estas mujeres no son más que unos pocos ejemplos, la práctica del aborto nos ha acompañado desde épocas remotas. Sociedades primitivas, dónde los hijos eran un obstáculo en la poblaciones nómadas; civilizaciones como la Griega, donde el infanticidio y el aborto estaban habitualmente perdonados e incluso recomendados por los filósofos, y otras como la Romana y la China, de los cuales se tienen registros en su literatura. Se han ido formulando leyes desde la más restrictiva como La Ley Canónica de 1869, proclamada por el Papa Pio IX, donde no consideraba justificado el aborto en ninguna circunstancia, a la más liberal, aborto libre en el primer trimestre de embarazo por razones sociales o a petición de la mujer.

En España, la legalidad de la práctica del aborto ha pasado por diferentes fases. La primera ley fue establecida en 1985 (Ley Orgánica 9/1985, aprobada el 5 de julio de 1985), una ley de despenalización parcial del aborto inducido en tres supuestos: riesgo grave para la salud física o psíquica de la mujer embarazada (supuesto terapéutico), violación (supuesto criminológico) y malformaciones o taras, físicas o psíquicas, en el feto (supuesto eugenésico). De acuerdo con esta ley, la gestante podía interrumpir el embarazo en las primeras 12 semanas en el caso criminológico, en las 22 primeras semanas en el eugenésico, y en cualquier momento del embarazo en el caso terapéutico.

En el momento en el que la ley se aprobó, España se encontraba inmersa en ese periodo que se ha llamado de “transición a la democracia” después de una dictadura que había durado más de 40 años. Clínicas abortivas como la de Sáez Santa María en Málaga fueron de las primeras. Dos de los casos presentados, María y Juana, vivieron esta transición, esta lucha que marcó un importante avance en nuestra sociedad, dando pie así, a asumir los derechos de las mujeres y la libertad de elección. Hasta entonces, las alternativas que tenían las mujeres eran irse a otros países como Inglaterra, donde la práctica era segura aunque también era menos asequible, o Portugal, dónde las condiciones eran más precarias pero para aquellas mujeres con pocos recursos económicos era la única opción.

En 2009, bajo el gobierno de J. L. R. Zapatero, se tramitó la reforma de la ley de 1985,  entrando en vigor la Ley Orgánica 2/2010, del 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva de la interrupción voluntaria del embarazo, que regulaba la interrupción voluntaria en cualquier circunstancia, durante las 14 primeras semanas de gestación, y, hasta la semana 22, en caso de que exista grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada o riesgo de graves anomalías para el feto. En caso de que se detecten anomalías fetales incompatibles con la vida no hay límite temporal. La nueva ley permite también a las jóvenes de 16 y 17 abortar sin necesitar la autorización de sus padres. Pero en 2012, bajo el gobierno de M. Rajoy, A. Ruíz-Gallardón anunció su intención de reformar la Ley del Aborto aprobada 3 años antes, ante la negativa por parte del propio gobierno y de la Iglesia Católica a esta reforma, para volver al modelo de la ley de 1985 en el que las mujeres habían de justificar su decisión y se deroga el aborto libre a petición de la embarazada hasta las catorce semanas y también se deroga el permiso sin autorización a las jóvenes de 16 a 18 años, pasando del método a plazos al de los supuestos, donde en el supuesto de malformaciones e imperfecciones físicas o psíquicas del feto no se contempla.

Actualmente, la repercusión social ante este debate es evidente por todos los medios tanto prensa, como televisión como por la red. Opiniones a favor del aborto des del punto más feminista proclamando el lema “Nosotras parimos, nostras decidimos” etc., promoviendo acciones sociales como la iniciativa de una artista y activista madrileña, Yolanda Domínguez, de registrar su cuerpo seguida por cientos de mujeres; o en contra del mismo des de la variante más católica y conservadora, la que defiende el derecho a la vida. Nos encontramos ante un debate sin solución teórica ya que se trata de un debate social, ético y político, donde, precisamente, se cuestiona la prevalencia de dos principios fundamentales: el derecho a la vida y el derecho a libre elección.

El movimiento en Defensa de la vida plantea que todos los seres humanos, incluso el feto, reciben directamente el don de la vida, desde el mismo momento de la concepción y el aborto, en cualquier momento de la gestación, equivale a quitar la vida a un ser inocente y difunden las repercusiones físicas negativas como argumento a su favor para derogar la ley. Este es uno de los motivos por el cual muchas mujeres creyentes que comparten sus casos en la red están afectadas y consideran haber cometido un delito sintiéndose como unas asesinas y creando un tabú en la sociedad.

La iglesia y el partido conservador atacan la ley exactamente con los mismos argumentos desde hace veinticuatro años. Uno de los motivos por los que se cuestiona la ley es el miedo a un incremento desmesurado y descontrolado del número de abortos y el posible uso de este como un mecanismo “anticonceptivo”, pero paradójicamente, la ley actual vela por una prevención y educación en población general. Y por otra parte, la necesidad de un aumento en la natalidad dada la inversión de la pirámide poblacional, no obstante, tampoco se hace nada al respecto para promover la natalidad de la población autóctona. Algo importante a tener en cuenta desde este punto de vista, es que en el artículo 15 de la Constitución se contempla el derecho a la vida del no nacido pero no se concibe como titular de este derecho. Entonces, sin una verdadera argumentación ¿qué es realmente lo que se esconde?

El movimiento en promover la libre elección plantea que la libertad de la mujer depende, en última instancia, de que sea ella la que tenga pleno y libre control de su vida procreadora, por lo que nadie tiene la obligación de ser madre a la fuerza y no hay que dar a luz hijos no deseados. La mujer es la que determina en función de los factores que la rodean como sus necesidades, sus valores, su situación socioeconómica, su trayectoria profesional… Beatriz Gimeno (2013), feminista de izquierdas, plantea que “la razón enmascarada de lo que se está discutiendo es una forma de entender el mundo, particularmente la posición que deben ocupar en él las mujeres. Y en el debate, tal como se plantea, no parece posible un punto intermedio, ni un consenso: no hay embrión vivo a medias, ni libertad de las mujeres que se pueda defender a medias. El único criterio que puede salvar las contradicciones del debate, es el de la autonomía de las mujeres sobre su propio cuerpo”.

La Constitución desde este punto de vista también reconoce que la madre como mujer (y persona) es titular de un seguido de derechos que deben ser protegidos: derecho a la dignidad (artículo 10 CE), derecho a la integridad física y moral (artículo 15 CE), derecho a la libertad ideológica (artículo 16 CE) y derechos al honor, a la intimidad y a la propia imagen (artículo 18.1 CE).

Llegados a este punto, la polémica social ha alcanzado los más pequeños recovecos desviando así la atención al debate. Mujeres indignadas, sintiéndose atacadas y menospreciadas, con ello, perdiendo la perspectiva. En respuesta a la pregunta: ¿qué se esconde realmente detrás de esta propuesta? En una reunión íntima de mujeres, surgieron ciertas ideas al respecto:

¿Es casualidad que se iniciara la propuesta de reforma de ley justo en el mismo momento que se proclama el auge de la crisis económica, hecho que conlleva emigración de la población joven en búsqueda de trabajo? No, por lo menos no lo parece. Nuestro gobierno nos está llevando a un retroceso, como mínimo, de más de 30 años, donde las personas, que constitucionalmente se supone tienen unos derechos que no hacen más que vulnerar, pasan a ser meros esclavos para poder fomentar el sistema capitalista en el que vivimos. Parece que su objetivo final sea volver a la época feudal dónde había un señor por cada cientos o miles de habitantes, donde estos cientos o miles malvivían sumidos en la más absoluta pobreza y, el señor vivía rodeado de lujos y ostentando todo el poder jurídico y político. Una de las pruebas de ello sería el que aún exista una nobleza o casta superior que venimos arrastrando desde hace siglos y que ya no tienen una función real, por lo que ya no tiene un motivo de existir, salvo el recordarnos continuamente que en España no todos somos iguales, más aún cuando esta condición de nobleza ni se la han ganado de ningún modo, pues nacen con ella, ni la pueden perder bajo ninguna circunstancia.

Por otra parte, respecto al papel de la mujer: ¿La responsabilidad y el peso son sólo exclusivamente de la mujer? No. La posición feminista extrema no tiene en consideración el papel del hombre en este proceso. Estamos de acuerdo que el cuerpo de la mujer es suyo, y es ella quién da refugio a una nueva vida, pero esa vida no se engendra sola. Que una mujer se quede embarazada es responsabilidad de dos. Tanto hombres como mujeres conocemos los métodos para prevenir embarazos no deseados, la educación básica ya promueve una educación sexual en los institutos, aunque podría ser mejor y no sólo en ese contexto, pero a pesar de esto, existe la posibilidad de que fallen. Por lo que, tanto en el caso de que se trate de una pareja, como en el caso de que se trate de una mujer que se queda embarazada en una relación esporádica (ya que aunque no sea su pareja formal, sigue siendo el padre de un posible futuro ser), la decisión debe ser debatida y ambos deben de estar de acuerdo. Además, toda mujer tiene una red social y familiar detrás de sí, que es un factor de gran influencia en la decisión de continuar o no un embarazo en la mayoría de los casos, no sólo por su influencia directa en el momento de la concepción, también y con mayor relevancia, por la influencia ejercida durante toda su trayectoria vital, pasando por su educación, valores, herencia…

Gran parte del debate defiende el poder elegir, pero ¿realmente escogemos traer la vida? En cierto modo, no. Como, de la misma manera, ¿escogemos de quién nos enamoramos? Esta cuestión nos traslada a una parte más profunda y significativa de la condición humana. Como desvela Eduard Punset en su entrevista a Aldo Rustichini, neuroeconomista, prácticamente el 90% de nuestras decisiones tienen una base inconsciente e intuitiva, hecho que no quita la elaboración y sofisticación de este proceso. Nuestras decisiones son dirigidas con un gran peso por nuestra amígdala, región del cerebro que manipula las emociones, dejando a un lado a la región frontal más racional y consciente. Trasladando este hecho al tema que nos trae hoy aquí, puede ser una de las respuestas a las repercusiones psicológicas que acompañan al aborto.

Como Natalia Artigas, psicóloga de la UCI de neonatos del Hospital Josep Trueta de Girona, nos explica en su artículo, que la repercusión psicológica principal ante la pérdida de un hijo sea durante el embarazo, al nacer o breve tiempo después del nacimiento, es un proceso de duelo, ese torbellino de sentimientos y pensamientos confusos. Incluso si el hijo llega a nacer pero trae consigo dificultades de supervivencia, los padres y familiares generalmente se ven invadidos por sentimientos de tristeza, miedo, incertidumbre, frustración, rabia, culpa… creando así un estado de estrés y momento de inestabilidad emocional. De modo que esta situación hace necesaria la implantación de ayuda profesional en este ámbito hospitalario por tal de poder ofrecer ese apoyo emocional, dada la importancia de saber lo que no hay que hacer.

Es lógico pensar que una muerte de un ser esperado y deseado pueda haber repercusiones psicológicas, también en numerosos abortos inducidos donde la mujer se ha visto obligada sea por causas médicas como por imposición externa de un marido, de unos padres… como el caso de Pilar que se encontró con una negativa por parte de su entorno; pero, cuando se toma la decisión de interrumpir el embazado por voluntad propia y de forma meditada, ¿cómo explicamos que se sigan dando casos con repercusiones como el Trastorno por Estrés Post-traumático (TEPT), denominado Síndrome post-aborto cuando el factor de estrés es el aborto en sí, o depresión, autolesiones, alteraciones del sueño, trastornos de la alimentación, disfunciones sexuales…? Este no sería el caso de María y Juana que tras meditar su decisión, no han tenido ningún tipo de repercusiones ni físicas ni psicológicas.

Actualmente se llevan a cabo numerosos estudios de los cuales se extraen datos sorprendentes de grandes secuelas psicológicas y psiquiátricas incluso en mujeres que abortaron voluntariamente. Pero también, se generan estas mismas secuelas ante la denegación al aborto en casos diagnosticados de feto anancefálico, un feto incompatible con la vida. En estos casos el aborto tiene una función terapéutica y preventiva como en el caso de Raquel. Yo me pregunto, ¿hasta qué punto son exhaustivos estos estudios con este alto contenido de alarma? Cuando dicen que el 19% de las mujeres que abortan tienen TEPT, ¿en qué situación se encontraban y qué antecedentes las precedían? Por un lado, considero que hay una manipulación para promover el debate y polémica social y por otro, y más importante, hay unas evidentes consecuencias del aborto determinadas por una pluralidad de factores, pero hace pensar que son debidas a la falta de consciencia y sabiduría femenina que no se transmite hoy en día en nuestra sociedad actual, ya que, como algunos casos de los presentados en este artículo muestran, hay mujeres que escogieron solas o junto a su pareja, y no han tenido ningún tipo de repercusión. En España, el único estudio existente es el informe de 1993 de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, titulado “Mujer y salud mental”, que corrobora esta hipótesis señalando como rasgos de las mujeres que abortan más de una vez la inmadurez, la inestabilidad emocional, la sexualidad pasiva y dependiente, la aversión a los métodos anticonceptivos, los problemas de pareja, conflictos con los padres, mala auto imagen, vivencias negativas o traumáticas, y tendencia y rasgos de personalidad patológica: esquizofrenia, paranoia y psicopatía. J. Coleman, por su parte, en la revista de psiquiatría British Journal of Psychiatry publicó el macro estudio “El aborto y la salud mental: la síntesis y el análisis cuantitativo de la investigación publicada 1995-2009”. Esta revisión se realizó con el fin de producir un análisis imparcial y cuantitativo que desvela el aborto como un factor de riesgo, entre otros muchos factores que pueden aumentar la probabilidad de problemas de salud mental.

Nos preguntamos, ¿las mujeres que quieren abortar es realmente lo que quieren? ¿o son toda una serie de prejuicios y expectativas sociales las que deciden por ellas? Una mujer, de forma natural, desea engendrar y dar vida, es nuestra función biológica, además de ser una de las experiencias más satisfactorias y “milagrosas” por las que una mujer puede pasar. Por lo que nos encontramos ante una disonancia clara que explica las repercusiones posteriores. El ciclo sexual de una mujer no está en consonancia al ciclo vital determinado por esta sociedad, desde que menstruamos por primera vez, nuestro cuerpo está preparado para procrear y esta función está limitada en el tiempo, tenemos entre 25 y 30 años biológicos para poder ser madres, período que se ve acortado a unos 15 años por las necesidades sociales, económicas y profesionales enfocadas en una dirección de necesidad material, a estigmatizar la maternidad y no en fomentar los vínculos, la familia, los valores… aspectos mucho más importantes motivo por el cual las personas acuden a terapia.

¿Qué dirección estamos tomando? Reflexionemos al respecto.

 

Autora: Eva María Sances Cara