Ventana a otros mundos. Y tú, ¿qué sueñas?

Nos adentramos al misterioso mundo de los sueños, abriendo una ventana a un mundo mágico, sin límites, un mundo en el que se ven reflejadas todas y cada una de aquellas partes de uno mismo, conscientes y aquellas no tan conscientes en su mayoría, creando multitud de universos y planos en los que podemos “jugar” con una realidad alternativa.

Os voy a contar una historia sobre una niña pequeña que se preguntaba por qué soñaba y, por qué soñaba esas cosas tan raras. Se despertaba muchas noches asustada, llorando y gritando: “¡Mamá!, ¡Mamá! ¿Por qué sueño estas cosas?”,  sintiendo que lo que había visto cuando dormía era real. Su madre la consolaba en sus despertares nocturnos diciéndole: “Tranquila, solo es un sueño, vuelve a dormir”. Había varias noches en las que se despertaba, viendo al otro lado de la habitación, en las sombras de la noche, la calavera de una vaca. Inundada por el miedo y los llantos, su madre aparecía, encendía la luz y, como cada noche que esto le pasaba a la niña, le decía: “Tranquila, solo es un sueño. ¿Ves como ahí no hay nada? Solo es tu imaginación”. Más adelante la madre descubrió que si que era su imaginación, pero combinada por el juego de luces de las farolas de la calle que entraban en su habitación a través de los agujeritos de la persiana. Lo que la madre no sabía era lo especial que eran los sueños de esta niña.

“Tranquila, solo es un sueño”, una frase común, rápida y fácil para sosegar a un niño o niña es esos momentos de miedo y ansiedad, pero, ¿sería lo más adecuado? ¿Qué le diríais a esta niña?

Todos los mamíferos soñamos, y “¿por qué soñamos?” sería una de las grandes preguntas en torno a este tema que sigue sin una respuesta única y que esta niña se hacía cada vez que se despertaba en medio de la noche. Existen diferentes tipos de visiones al respecto, desde la más escéptica, a la psicológica y a la biológica. Desde mi perspectiva, ninguna de ellas por si solas es suficiente para dar una respuesta certera y dado que no hay una respuesta única y validada por toda la comunidad, personalmente me tomo la libertad de quedarme con una amalgama de las diferentes visiones: Soñamos para favorecer el descanso y hacerlo más óptimo, por otro lado, para integrar las experiencias vividas, para poder expresar sin juicios nuestro gran abanico de miedos, deseos…, de forma metafórica o mágica mezclándolo con elementos de nuestra realidad, para así, al despertar, dar el simbolismo e interpretación necesarios y trabajar con nosotros mismos, con todas esas partes de uno y entendernos un poquito mejor.

Qué bien le hubiera ido esta respuesta en ese momento a esa niña: “No es solo un sueño, eres tú, forma parte de ti, ¿qué es lo que te da miedo?”. No obstante, no hubiera sido suficiente para ella, porque esta niña tenía aún más preguntas, preguntas más concretas. Ella quería saber por qué eran tan raras esas cosas que soñaba y el modo en el que se desarrollaba su sueño. A veces estaba en un sueño muy plácido donde los personajes empezaban a hincharse y adoptar forma de muñeco gordito, con las mejillas sonrojadas y suaves, y el paisaje era verde con grandes praderas, con un cielo despejado azul claro, con nubes esponjosas… Este escenario le hacía sentir bien, segura, tranquila, en paz. Pero de repente, empezaban a adelgazar hasta volverse demacrados y feos, el suelo desaparecía, y el cielo oscuro y negro empezaba a invadirlo todo. Esto la asustaba y ella decía para sí: “¡No, no, no! ¡Vuelve como antes!”. Y entonces volvían adoptar esa forma gordita y afable, pero en su transformación no había límite y se desfiguraban de tal manera que también le asustaba y volvía a decir: “¡No, no, no! ¡No tanto!”. Y pasando de un límite a otro, en un bucle sin fin hasta que decidía despertar cansada del vaivén y no poder encontrar el punto medio. “¿Por qué son raros? ¿Qué significa esto?”, se preguntaba nuestra pequeña protagonista.

            “¿Qué significan los sueños?”. Al igual que esta niña, otros se han hecho esta pregunta, la gran solicitada y respondida en multitud de bibliografía a lo largo de nuestra historia, desde la investigación más científica a la inspiración de historias y leyendas, incluso profecías y significados ocultos. Hoy en día, en las redes podemos encontrar diferentes fuentes de información que nos inundan con significados variados y generalizados para diferentes elementos y símbolos, podemos encontrar hasta diccionarios de sueños. Pero, ¿cuán parte de verdad y rigor tienen? Dentro de un mundo tan subjetivo como es el de los sueños, lo único que verdaderamente me arriesgo a afirmar es el que el significado válido sólo lo sabe uno mismo, sólo se lo puede dar uno. Cada sueño pertenece a esa persona y este está formado por toda su realidad: pensamientos, miedos, frustraciones, vivencias, ilusiones, sentimientos, creencias, deseos, ideas, proyectos, momentos, personalidad… Creando diferentes escenarios, personajes, historias, secuencias…

Muchos han intentando dar forma a algo que es personal e intransferible, y cualquiera que lo intente estará dando forma a un sueño con sus propias experiencias. Se ha de conocer en profundidad a una persona para poder ayudarla a que ella vislumbre el significado de sus sueños. Es una labor preferentemente indicada para el propio soñante. Buscar o darle un significado a nuestros sueños es una forma de conocernos aun más íntimamente ya que se nos presentan elementos que despiertos a lo mejor no somos capaces de ver o no queremos ver.

Esta niña, no sabía dar un significado en concreto a este sueño. Incluso hoy en día, sigue sin tenerlo claro aunque empieza a ver que podría significar. Pero, sueños como este, le mostraban algo que iba más allá, y despertaba su curiosidad por saber más y más sobre el mundo de los sueños.

Todos soñamos, pero,  “¿Cuándo soñamos? ¿Y cuántas veces?”. Mientras dormimos, tenemos una media de 5 sueños transcurridos a lo largo de la noche y vamos pasando por diferentes fases de forma cíclica durante la misma. Este dato, le dio mucho sentido a esa niña, ahora entendía porque a veces cuando despertaba tenía que esforzarse por dar un guión a su sueño, claro, no era solo uno, normal que a veces no los pudiera unir o saliera una película con escenas sumamente dispares. Y a medida que la niña iba respondiendo a sus preguntas sobre el mundo de los sueños, le decía a sus padres: “¡Mamá, papá! ¿Sabíais que soñamos unas 5 veces cada noche? Por eso me salen películas tan raras y largas.”

Principalmente, estas fases por las que pasamos cada noche se diferencian en dos, dato de gran difusión en nuestros días: la fase REM o sueño paradójico (Rapid Eye Movement o Movimiento Rápido de Ojos) que se alterna con el sueño lento (No REM). La fase REM recibe este nombre debido a que durante su transcurso, los ojos realizan rápidos movimientos de forma intermitente. Es importante mencionar, que estos movimientos musculares por parte de los ojos, son los únicos que pueden darse durante la fase REM, ya que es durante este periodo cuando el resto de músculos del cuerpo “se desactivan” impidiendo así que las personas se muevan acorde a lo que están soñando. El total del sueño paradójico es el 25% del sueño.

En el sueño lento, No REM, podemos diferenciar etapas desde el adormecimiento, al sueño ligero, profundo y delta. Cuando se descubrieron estas fases, se pensó que los sueños sólo ocurrían durante la fase REM, fase caracterizada por una mayor activación cerebral, pero se ha visto que en las fases No REM también se pueden experimentar sueños, pero con un contenido muy simbólico y carente de continuidad, hablaríamos, por ejemplo, de imágenes sueltas o sonidos sencillos. Y con esto, ¡vaya descubrimiento! La niña de nuestra historia, cada vez tiene las cosas más claras y le cuenta a sus padres bien emocionada: “¡Mamá!¡Papá! Ahora entiendo porque a veces recuerdo escenas sin apenas detalles, y otras, solo recuerdo detalles. ¿Sabías que el sueño tiene etapas?”.

Mediante el uso de un electroencefalograma podemos estudiar los distintos tipos de ondas sensoriales que intervienen en la actividad cerebral de la persona que está durmiendo y compararlas así con los estados de vigilia. De este modo, obtenemos los siguientes tipos de ondas con sus características: Ondas delta (1 a 4 Hz) y Ondas theta (4 a 8 Hz): Cuando dormimos profundamente sin estar soñando; Ondas alpha (8 a 19 Hz) y Ondas beta (19 a 30 Hz): Típicas de los estados de vigilia. La primera se da en estados de relajación, y la segunda en estados de alerta. Ambas pueden aparecer durante el estado REM y por tanto, mientras soñamos; Ondas gamma (más de 30 Hz): Este tipo de ondas son menos frecuentes, y se dan cuando hay actividad cerebral sincronizada y ampliamente extendida por diversos circuitos neuronales. Por ello, aparecen en estados de meditación o concentración profunda.

Como podemos observar, a grandes rasgos se puede decir que a mayor frecuencia de las ondas (es decir, a más hercios), mayor estado de conciencia. “¡Qué interesante! ¡Quiero saber más! Qué nombres tan raros tienen las ondas papá…”, dice nuestra niña. “Tienen nombres de las letras del alfabeto griego”, le dice su padre.

Y a todo esto, nuestra niña sigue contando su historia: “A veces, recuerdo muchas cosas, otras veces, no me acuerdo de casi nada, y otras nada de nada. Puedo pasarme mucho tiempo sin acordarme de nada, ¿por qué?”. “¿Por qué recordamos o no los sueños?”. A todos nos ha pasado, algunas mañanas, como a esta niña, recordamos vívidamente lo que soñamos, mientras que otras tenemos una vaga idea o no sabemos absolutamente nada de lo que pasó. Por otro lado, hay personas que tienen una gran facilidad para recordar con mucho detalle sus sueños, otras sin embargo, manifiestan no recordar nada o prácticamente nada.

Un equipo liderado por Perrine Ruby del Centro de Investigación de Neurociencia de Lyon (Francia), ha realizado un estudio sobre la actividad cerebral de los dos tipos de soñadores. Los resultados del estudio revelan que la unión temporoparietal (centro de procesamiento de información en el cerebro) es mucho más activa en las personas que recuerdan los sueños (y también lo es durante la vigilia). Gracias a este aumento de la actividad cerebral, se pueden provocar pequeños despertares durante la noche y favorecer así la codificación de esas fantasías en la memoria, porque “el cerebro dormido no es capaz de memorizar nueva información; tiene que despertar para poder hacer eso”, afirma la investigadora Perrine Ruby.

No obstante, dentro de nosotros también existen estos dos tipos de soñadores, ya que como a nuestra niña, a veces sí y a veces no. A partir de esta pregunta, se desencadenan multitud de teorías y con ellas diversos factores que intervienen en recordar o no los sueños: Para empezar, como la investigadora Perrine Ruby nos cuenta, el cerebro dormido no memoriza, el proceso de nuestro cerebro cuando dormimos es diferente y el tipo de ondas emitidas hace más difícil su proceso de sincronización y por ende su memorización. Se estima que olvidamos entre el 95% y el 99% del total de sueños en una noche y por lo general el recuerdo es vago.

Por otro lado, la intensidad emocional y el prestar atención, son de los factores más claros y a los que los investigadores ponen énfasis. Al igual que pasa en la vigilia, cuando estamos despiertos, recordamos aquello que nos ha impactado más emocionalmente sea de forma positiva o negativa, por eso algunos dicen que es más fácil recordar aquello que nos provocó ansiedad o miedo. Además, este hecho está interrelacionado con prestar atención. La atención es un proceso cognitivo primario para dar paso a la memoria. Es algo así como caminar o conducir el camino de casa al trabajo, una vez que está automatizado, a no ser que ocurra algo diferente que llame nuestra atención, no recordaremos nada, porque no estamos prestando ninguna atención.

Otras teorías hablan de que parece que las personas con una mayor memoria visual tienen más facilidad a la hora de recordar sus sueños; otras nos hablan del hecho que nuestros sueños sean importantes para nosotros facilita el recuerdo de los mismos; también, de que es más probable recordar solo el último o últimos sueños de la noche por estar más cerca al despertar; además, es más probable recordar el sueño si despertamos en mitad del sueño, en la fase REM, sin haber completado el ciclo; otras como la variante psicoanalista, que dice que nuestros sueños son deseos que tenemos, y que si no los recordamos es porque nuestro cerebro los bloquea si no estamos preparados para manejarlos, y nos resultarían traumáticos; otras hablan de sueños que no recordamos porque no son interesantes; otras anuncian que no recordamos lo que soñamos porque es poco comprensible como para que nuestra mente despierta le encuentre un sentido; los sueños kinestésicos son otra opción válida, perdemos los movimientos físicos que hacemos dormidos cuando nos movemos por primera vez despiertos; o incluso el nivel hormonal puede afectar a nuestra actividad onírica.

Como podemos ver, no parece haber una respuesta clara, como en la mayoría de preguntas que nos hacemos en este intrigante mundo de sueños, pero parece que la niña de nuestra historia tiene algo que decir al respecto: “Entonces, ¿es normal que olvide muchas cosas, pero que las que recuerde sean malas porque me dan miedo, o son importantes? Y, que recuerde muchos detalles, ¿puede ser porque mi memoria visual es buena? Soy buena jugando al “memory”, siempre le gano a mi mamá. Pero, si las cosas que me hacen daño no debería de recordarlas ¿por qué las recuerdo? Y aunque no entienda algunos sueños, también me acuerdo… Para mí son importantes lo sueños, como son tan raros… Y, ¿por eso los recuerdo? A veces me acuerdo de toda una película rara, y otras veces es un trocito muy corto, ¿es porque a veces solo recordamos lo último?”. Esta pequeña sigue teniendo muchas preguntas y es una lástima que no podamos darle una respuesta certera y única, ella sola ya nos ha tirado por tierra algunas especulaciones y verificado otras, de modo que hemos podido esclarecer un poquito esa niebla que rodea a la pregunta de “¿por qué recordamos o no los sueños?”.

“Mamá, ¿tu cuando sueñas sabes que estás soñando? ¿Y tú, papá?” Ante esta pregunta, la madre de nuestra pequeña protagonista le responde: “No, lo sé por la mañana cuando me despierto. O si algo me asusta y el sueño me despierta. Pero cuando estoy soñando solo estoy soñando. Es lo normal”. Nuestra pequeña le dice entonces: “Pues a mí no me pasa eso, yo sé que estoy soñando y muchas veces, no siempre, puedo escoger que hacer”. “¿No será que eso es lo que crees? Cuando sueñas lo vives como si fuera verdad, pero no significa que puedas escoger”. Le dice la madre. “¡No! ¡Yo lo escojo! ¿Te acuerdas de esa película que te expliqué de “La Cosa”? Pues le estuve dando diferentes finales hasta que me gustó, y sabía que estaba soñando, no me desperté”. A esto, que su padre le dice: “Eso es muy difícil, yo sé que sueño cuando me despierto y si me acuerdo…”. “Pues yo sé hacerlo”, le responde la niña, sintiéndose incomprendida y sola.

Otra cuestión curiosa en referencia a este mundo, de la cual sí que se han hecho diferentes estudios con respuestas más esclarecedoras, es la capacidad de algunas personas, como le pasa a nuestra pequeña, en ser conscientes de sus sueños e incluso ser participes de ello, “¿qué son los sueños lúcidos? ¿con qué está relacionado?”. A estos sueños, como previamente se anuncia, se les llama sueños lúcidos y se caracterizan por ser sueños en los que la persona en cuestión puede manipularlos a su antojo, hacer y deshacer aquellas cosas que van sucediendo a lo largo del sueño, como si estuviera en un estado de semiconsciencia. Se utiliza el término “lúcido” como sinónimo de “consciente”, término introducido en 1867 por el escritor, psicólogo y especialista en sueños francés Léon d’Hervey de Saint-Denys, en su obra Los sueños y cómo controlarlos. La mayoría de los sueños lúcidos sucede en la etapa de sueño paradójico y mediante un proceso fortuito o desencadenado con el aprendizaje. La capacidad de reconocer y controlar los sueños ya se menciona en textos budistas del siglo VII, y en Occidente se ha estudiado el fenómeno en condiciones de laboratorio desde finales de los años 1970. Estudios recientes han demostrado que este fenómeno lo han experimentado al menos una vez entre el 47 y el 82% de la población. La mayoría de estas personas, esos momentos de lucidez son raros y muy fugaces, aunque el psicólogo Joe Green asegura que no tiene por qué ser así. Según afirma Green, la lucidez es una habilidad que puede desarrollarse y perfeccionarse y que él mismo lleva décadas utilizando en sus terapias con resultados satisfactorios. “Con la motivación adecuada”, explica en una entrevista, “casi cualquiera puede tener sueños lúcidos”.

Por su parte, Gerald Edelman, premio Nobel de Fisiología/Medicina a través de sus investigaciones establece que la conciencia no representa una contraposición de “blanco o negro”, sino que se describe como una línea continua con dos polos extremos, que contiene a su vez, distintos y numerosos estados posibles. Si a esto le añadimos la anterior descripción de los tipos de ondas que se dan en estado de vigilia y sueño, se puede concluir que durante el sueño lúcido aparecen dos patrones que normalmente suelen darse por separado. Por un lado, aparecen ondas que se dan cuando estamos despiertos o incluso ocupados en tareas concretas que requiere un nivel alto de concentración (como estudiar). Y por otro, aparecen también ondas, típicas de los estados de sueño normales (en especial, en los lóbulos temporales y parietal).

Michael Schredl y Daniel Erlacher, en el Instituto Central de Salud Mental en Mannheim, Alemania, hicieron una investigación muy reveladora relacionando los sueños lúcidos con factores de personalidad. Se encontró una pequeña correlación entre la probabilidad de experimentar sueños lúcidos y el rasgo “apertura a la experiencia”.  Podemos definir Apertura a la experiencia como la disposición interna orientada a ampliar los límites de la conciencia, que se manifiesta en curiosidad por el entorno y en iniciativas para conocer y explorar. A diferencia de las personas que se encierran en sí mismas o que actúan defensivamente, quienes poseen apertura a la experiencia sondean siempre distintas direcciones, formulan preguntas y muestran una alta motivación para asumir nuevas experiencias.

Después de toda esta información, nuestra pequeña puede sentirse algo más abrazada. Algo que para ella es raro y especial, aunque sigue siéndolo, no es algo que solo experimente ella, sino que es algo que incluso se puede aprender. “Es bonito saber que no soy la única, aunque apenas me he encontrado con nadie, pero… los sueños lúcidos no son siempre igual, a veces puedo, otras veces quiero y no puedo, hay veces que paso a ser una observadora, otras que soy la protagonista… ¿qué significa esto? ¿por qué pasa esto?”. Como en prácticamente todos los aspectos que rodean a este fascinante mundo de sueños, hay preguntas que no podemos contestar tan fácilmente y que probablemente sólo ella pueda contestar a esas preguntas en cuestión. La pregunta que concierne ahora, para aquellos que no han experimentado un sueño lúcido, es: ¿Pero, cómo podemos controlar nuestros sueños? Los ejercicios de autosugestión son la clave. El primer paso consiste en recordar lo soñado, proponiéndose recordar el sueño antes de ir a dormir y en el momento de despertar, anotarlos en una libreta. Y por otro lado, preguntarse algo como: “¿Sigo todavía despierto o ya estoy durmiendo?”, aumentan la probabilidad de fases conscientes durante el sueño. Es importante no decepcionarse con los primeros resultados. Es un arte que requiere de práctica y disciplina y que a nuestra pequeña le ha venido dado.

Pero… y ¿para qué puede servir tener sueños lúcidos? La principal utilidad que tienen los sueños lucidos y el primer ámbito en el que se ha aplicado es para ayudar en terapias contra las pesadillas. Ya que, durante el transcurso de una pesadilla, mediante el uso de la consciencia la persona pueda distanciarse de los temores y eliminar la carga emocional irracional. Por un lado, se está viendo y desarrollando otro apasionante campo: La posibilidad de aprender secuencias de movimientos practicándolos en los sueños lúcidos, como los que tienen que aprender los deportistas. Por otro lado, se ha visto también que los sueños lucidos son más frecuentes durante la infancia. Probablemente esto se deba a que el lóbulo frontal (encargado de tareas como, focalizar la atención, planificar, controlar e inhibir conductas o impulsos…) no está todavía fuertemente conectado con otras áreas sensoriales del cerebro, facilitando así una comunicación neuronal inestable.

Nuestra niña, que como todo pequeño crece, hoy nos dice: “Hoy sigo teniendo sueños lúcidos, no conozco otra manera de soñar, aunque dentro de su categoría hay un sin fin de formas. Además me gusta y me ayuda a conocerme, creo que esa sería la principal utilidad de ellos, ya que te permiten vivir multitud de realidades que puedes moldear casi como si estuvieras despierto. No significa que siempre sea así, los sueños vienen, te das cuenta que sueñas y puedes hacer de observador, de protagonista, escogerlo todo, a veces solo escoges ciertas cosas, puede repetir una escena si no te gustó el resultado, aunque hay veces que no consigues el resultado que querías. No siempre es lo mismo y por eso es más divertido.  Y aunque , leyendo y aclarando ciertas cosas sigo teniendo un sin fin de preguntas: ¿Por qué se repiten algunos sueños? ¿Es porque te quieren decir algo importante? ¿Por qué a veces si a veces no? ¿Son obstáculos de la vida real que se presentan así y por eso no puedo cambiarlo ni en sueños? ¿Qué otros rasgos de personalidad están relacionados? ¿Tener algún grado de sonambulismo tiene algo que ver?“.

Vamos por partes: Tener sueños recurrentes puede significar que el inconsciente trata de enviar cierta información que no puedes captar por ti mismo y te lo intenta decir de alguna manera repetitiva hasta que le hagas caso. Pero como he mencionado anteriormente, cada cual ha de dar el significado que considere, ya que los sueños no dejan de ser una de las partes más profundas de nuestra psique.

Por otra parte y para concluir, parece que, como hemos mencionado en una anterior investigación, el rasgo de apertura a la experiencia está relacionado con personas con sueños lúcidos, dato además que nuestra pequeña nos corrobora. Pero más allá de esta investigación en concreto, hay muchas hipótesis a formular y por contestar, por lo que requerimos de más estudios y experiencias en este tema para poder seguir nuestro viaje esclareciendo las profundidades de este enigmático, misterioso y embaucador mundo de sueños. Y tú, ¿qué sueñas? ¿Continuamos el viaje?

Eva Maria Sances Cara. Psicóloga Col. 22.298

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Educación emocional a través de los cuentos

Desde casa y del colegio podemos trabajar con los más pequeños y no tan pequeños la educación emocional.

La educación emocional consiste en educar para fomentar el reconocimiento y regulación de nuestras emociones y sentimientos y así, fomentar el autoestima, la empatía, la participación…

Os comparto 12 títulos adecuados para cada edad. Deseo que os guste.

Educación Infantil: 0 a 6 años.

  1. El Pez Arcoiris

Arcoiris es el pez más hermoso del océano, con sus preciosas escamas de mil colores. Pero a pesar de su belleza se siente muy solo. ¿Por qué los demás peces no quieren jugar con él? Un libro bellamente ilustrado que nos enseña la importancia de saber compartir.

Marcus Pfister

  1. Cuando estoy enfadado

¿Qué haces cuando tu alumno se enfada?

Los niños necesitan saber que el enfado es un sentimiento normal, siempre que no se haga daño a nadie y Elena Ballesteros nos presenta el cuento Cuando estoy enfadado  que nos ayudará a gestionar el enfado en el aula.

  1. Miedo
  1. Paula y su pelo multicolor.

Cuento con el que podremos trabajar las emociones: alegría, enfado, miedo y tristeza.

Carmen Parets

Educación Primaria: 6 a 12 años

  1. Un beso antes de desayunar. Raquel Díaz Reguera.

Cada mañana, una madre da un beso de despedida a su hija antes de irse a trabajar. Pero un día ese beso, revoltoso, sale por ahí y lo cambia todo: una vecina refunfuñona comienza a sonreír, los pájaros se llenan de colores y los árboles de frutos. Una historia con la que se podrá trabajar el mundo emotivo de los niños, la ternura y la capacidad para dar y recibir cariño.

  1. Gustavito, el Superdeditos

Proyecto de cuento musical para trabajar en el segundo ciclo de Ed. Primaria la relación entre la música y las emociones, la importancia de saber identificarlas y gestionarlas, e incidir especialmente en dos de ellas, el autoconocimiento y la autoestima.

  1. La Flor Más Grande del Mundo

En un mundo en donde prevalece el egoismo, la falta de solidaridad, de amor a la vida en cualquiera de sus formas, el cuento destaca los valores esenciales, y lo que tienen de gigantes los pequeños actos solidarios, aquello que nos hace verdaderamente grandes. Pero además, el viaje que hace el niño puede intepretarse como un viaje interno en donde éste busca dentro suyo aquello que le ayudará a crecer y a darle un sentido a su vida, y su infancia será siempre aquel lugar para reencontrarse con lo mejor de sí.

José Saramago

  1. El Monstruo de los Colores

¿Conoces tus emociones? Este es el vídeo del cuento “El monstruo de colores”, ideal para trabajar las emociones en el aula.

Educación Secundaria: 12 a 18 años

  1. Paroles en l air (Palabras en el aire) Sylvain Vincendeau
  1. Abrazos

Corto Abrazos. Para cambiar el mundo, empecemos por nosotros mismos.

  1. El Arbol Umdoni

En el corazón de Sudáfrica, Nandi y su hija Mbali viven solas y trabajan muy duro en los campos. Un día, su rutina se verá interrumpida por algo que les cambiará la vida para siempre…

Esta es una de las historias favoritas de Nelson Mandela.

  1. Oktapodi

¿Qué somos capaces de hacer por amor? Cualquier cosa o eso es al menos lo que se desprende de este estupendo corto ganador del Oscar 2009 por título Oktapodi (Pulpos).

 

Fuente: http://ineverycrea.net/comunidad/ineverycrea/recurso/12-cuentos-para-trabajar-la-educacion-emocional-el/b9f5ecb8-86fd-49b6-8c15-9e918258f473

Un adiós premeditado

Ante la notícia del suicidio de Robin Williams se ha despertado una lluvia de movimiento en internet. En homenaje a este gran artísta, que tras muchos años de bailar en la cuerda de la inestabilidad emocional ha decidio dejarnos para estar en todas partes, les dejo esta carta:

UN BIPOLAR ANTE EL SUICIDIO DE ROBIN WILLIAMS

 

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¿Qué experimenta un bipolar cuando se suicida otro bipolar? Aunque no se ha comentado demasiado, Robin Williams era bipolar. La lista de actores que sufren esta patología es notable e incluye a Stephen Fry, Catherine Zeta-Jones, Jim Carrey, Ben Stiller, Mel  Gibson, Richard Dreyfuss. Todo indica que Williams primero intentó cortarse las venas, pero probablemente no pudo soportar el dolor. Las venas se resisten a liberar su carga, casi como un niño que lucha para no dormirse porque tiene miedo a la oscuridad. Sin embargo, cuando el deseo de morir se ha apoderado de la mente, no se desiste con facilidad. Por eso, el famoso actor cambió de método, ahorcándose con un cinturón. Al parecer, escogió la noche para decir adiós. Tal vez le empujó el insomnio, un adversario particularmente cruel. La desesperación se agudiza cuando el mundo escatima su tregua diaria, esa pequeña muerte que paradójicamente nos ayuda a vivir, suspendiendo por unas horas el mundo real. Los bipolares raramente disfrutan de un sueño reparador. Yo sufro continuas pesadillas. Sueño que me ahogo, que mi piel arde y se desprende como las pavesas de una hoguera, que mi garganta intenta articular sonidos y solo produce estertores, que mis ojos hormiguean con miles de insectos agitándose debajo de los párpados. Suelo levantarme agotado y confuso, pero el turbulento mundo de los sueños me resulta más tolerable que mi rostro en el espejo, maltratado y envejecido por un dolor obstinado.

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No voy a ocultar que la muerte de Robin Williams me ha afectado. Tengo 50 años, escribo, soy bipolar, no tengo hijos, he sobrevivido a varios intentos de suicidio y he perdido la esperanza de vivir sin el lastre de la angustia, la tristeza y la ansiedad. El trastorno bipolar recorta la esperanza de vida en diez, veinte, treinta años. Cada estudio arroja un resultado diferente. Mi hermano Juan Luis hundió la cabeza en un horno y abrió las espitas del gas con cuarenta años. No albergaba convicciones religiosas, pero escenificó su muerte con una hilera de crucifijos, alineados en el pasillo que conducía a la cocina. Era mi hermano, pero también una ausencia que yo he combatido reelaborando mis recuerdos, pues no soportaba el contraste entre la realidad y el deseo. Si miro hacia atrás, hay más vacíos que vivencias compartidas. En muchos aspectos, fuimos dos desconocidos que se encontraban de tarde en tarde, fracasando una y otra vez en el propósito de tejer una relación basada en el afecto y la comprensión. Nuestra impotencia para llegar al otro no impidió que naufragáramos en las mismas aguas. Si alguien examina nuestras vidas, advertirá grandes diferencias, pero también se preguntará si no éramos la misma persona, bordeando los mismos abismos. Quizás yo he vivido diez años de más, pero el anhelo de escribir me empuja a seguir aquí. Percibo mis días como páginas que avanzan entre el sufrimiento y el anhelo de felicidad. A estas alturas, tal vez solo soy palabras que se resisten a morir.

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Robin Williams no era uno de mis actores favoritos. Es indudable que tenía talento, pero quizás por mi edad estoy más cerca de Montgomery Clift o Marilyn Monroe. Los dos eran bipolares, autodestructivos y profundamente desdichados. Monty se maltrató a conciencia, abusando de las drogas y el alcohol. Apenas superó los cuarenta años. Marilyn vivió menos. La noche del 5 de agosto de 1962 su cuerpo se rindió ante un cóctel de barbitúricos. Al parecer, mezcló Nembutal (pentobarbital) y Seconal (secobarbital), una combinación fatal que solo fue posible porque su médico de cabecera y su psiquiatra no compartían información. Todo indica que esta vez no buscaba la muerte, pero sí unas horas de sueño, con la desesperación del que ha sobrevivido a duras penas a feroces insomnios. Nunca sabremos las causas y circunstancias exactas de su muerte. Sin embargo, hay incontables testimonios sobre sus fallidos intentos de suicidio, que evidencian su inestabilidad emocional. Ser inestable no es una elección, sino un estado del alma que brota de una interminable herida. No sé cuál era la herida de Robin Williams, que agravó su desorden interior con previsibles adicciones. Previsibles porque el alcohol y las drogas mitigan la depresión, induciendo una alegría tan artificial como efímera. De joven consumí ácidos y cocaína. Solo fue un contacto fugaz, pero no he olvidado su efecto. Al principio, experimentas euforia, excitación y una ilimitada confianza en ti mismo. Hablas durante horas, con una aparente clarividencia. Sientes que por fin has logrado desembarazarte de cualquier inhibición o complejo, pero solo es un cruel espejismo. La avalancha de palabras, hallazgos e intuiciones se detiene poco a poco y de repente comienza una vertiginosa caída. Parece que has saltado por la ventana de un patio interior, con las paredes de color ceniza y un suelo que se prepara para destrozar tu cuerpo, transformando tu cerebro en una medusa moribunda. Al parecer, Robin Williams había superado sus adicciones, pero no la depresión, que se había agudizado durante las últimas semanas. Cuando encontraron su cuerpo, se hallaba casi sentado. Mi hermano estaba de rodillas, con los pies descalzos. Ambas imágenes son desoladoras, pues reflejan indefensión y fragilidad, pero también una profunda determinación de morir.

El suicidio no es una elección libre y racional, sino un impulso incontrolable. Yo celebro estar vivo. Entre 1993 y 2007, busqué la muerte en varias ocasiones, combinando antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos, pero desde que empecé a escribir literatura la perspectiva del suicidio perdió fuerza y ahora solo es un lejano fantasma. El suicidio de Robin Williams ha resucitado ese fantasma, pero no como una posibilidad, sino como un doloroso recuerdo. He pensado en Margaux Hemingway, que se suicidó el 1 de julio de 1996. No era una fecha cualquiera, sino el aniversario del suicidio de su abuelo, Ernest Hemingway, el gigantón que amaba el boxeo, los toros, la caza, la guerra, y que en la madrugada del 2 de julio de 1961 se voló los sesos con su escopeta favorita, una Boss calibre 12. Hemingway conservaba la pistola Smith & Wesson con la que se suicidó su padre, el médico Clarence Edmonds. Clarence se pegó un tiro en la cabeza mientras se encontraba en el despacho de su consultorio. Cuando recibió la noticia, el escritor comentó: “Probablemente yo voy por el mismo camino”. Al igual que su abuelo, Margaux sufría trastorno bipolar. Se quitó la vida en su apartamento  de Santa Mónica, California, utilizando una sobredosis de fenobarbital. Tenía 42 años. Dejó un bloc de notas, pero arrancó algunas hojas y las quemó. En las primeras páginas se leía: “Amor, curación, protección perpetua para Margot”. También quemó incienso, hizo un montoncito con sal, alineó dos velas y depositó un ramo de flores blancas en la mesilla de noche. A la izquierda de su cama, colocó un osito Teddy, quizás por nostalgia de la infancia, pese a que siempre manifestó que de pequeña había sido muy desgraciada. Al examinar el cuadro, algunos pensaron que pretendía formular un conjuro contra la muerte, pero tal vez solo quiso escenificar su suicidio. El suicidio es una ceremonia privada abocada a convertirse en acontecimiento público, especialmente si eres un artista. Quizás Margaux nos dejó un mensaje que no sabemos interpretar o solo nos quiso decir adiós a su manera.

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Sobrevivir a un suicidio no produce alivio, sino rabia y frustración. Es un nuevo fracaso en una vida marcada por los sentimientos de fracaso, pero eso no significa que resulte deseable tener éxito, pues el que se mata deja un rastro terrible en su entorno. De alguna manera mata a los que le querían. Yo no soy capaz de pensar en mi hermano sin recordar su suicidio. Sus fotos descansan en un álbum, lejos de la vista, pues su imagen está inevitablemente asociada a su trágica muerte. No le he olvidado. Simplemente, no soporto la sombra del suicidio, dibujándose en una mesa o una repisa. Yo no deseo añadir un nuevo drama a la historia de mi familia. Quiero vivir, tengo muchas ganas de vivir. Pienso que solo he empezado una segunda navegación como escritor, después de pasar quince años en la enseñanza y un lustro como investigador y bibliotecario. Robin Williams nos deja el mismo año que Philip Seymour Hoffman, que se inyectó una explosiva mezcla de heroína, cocaína, benzodiacepinas y anfetaminas. Ambos sucumbieron a sus demonios interiores. Hoffman comentó a sus amigos: “Sé que voy a morir”, pues seis semanas antes había superado de milagro una sobredosis. Incapaz de controlar su adicción, consumía también grandes cantidades de alcohol. Se puede decir que también se suicidó, pues alcohol, drogas y enfermedad mental suelen bailar en la misma cuerda, sin ignorar que antes o después caerán al vacío. Yo me he enamorado de las palabras y eso me ha salvado. Ahora me dedico a seguir los pasos de la luz, embriagándome con su belleza. No hay mucho más. La realidad solo es eso y quizás sea lo mejor, pues nuestra conciencia no podría soportar la carga de la infinitud. Robin Williams no ha sido acogido por un Dios compasivo. Está con nosotros, invitándonos a darle la espalda a la melancolía. No se me ocurre mejor homenaje que mirar al cielo y sencillamente sonreír.

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RAFAEL NARBONA

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Aprender

Recientemente un querido amigo ha compartido el siguiente escrito. Merece la pena dedicarle unos minutos a está lección poética.

APRENDERÁS (Jorge Luis Borges)

Después de algún tiempo aprenderás la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad. Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni los regalos son promesas…

Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.

Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles. Aprenderás que es uno mismo quien debe cultivar su propio jardín y decorar su alma, en vez de esperar que alguien le traiga flores.

Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza alta y la mirada al frente, con la gracia de una mujer y no con la tristeza de un niño y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos, y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.

Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.

Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias y que no importa qué es lo que tienes, sino a quién tienes en la vida y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.

Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian.

Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.

Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto. Aprenderás que no importa a dónde llegaste, sino a dónde te diriges. Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados. Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias. .. Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.

Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.

Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones. Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese, porque le estarás quitando la esperanza. Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel.

Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo. .. No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.

Si algo he aprendido en la vida, es que la mentira se pone en contra de quien la inventa.