Las TIC, ¿amigas o enemigas?

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) que incluyen televisión (TV), radio, música, videojuegos, telefonía, internet… tienen repercusiones tanto positivas como negativas en la población infantil y juvenil, todo depende de su uso. Debido a esto, las autoridades de salud de muchos países han implementado políticas y medidas reguladoras y de educación para los niños y sus familias.

Por una parte, la televisión permite a los niños y niñas desarrollar una gran sensibilidad y conocimiento, además de estar entretenidos y permitir que sus padres puedan hacer otras tareas con tranquilidad. Documentales sobre el mundo animal y el ambiente o programas como “Barrio Sésamo” han sido un ejemplo para aprender valores y conductas positivas sobre la diversidad racial y cultural, tolerancia, cooperación, amabilidad, aritmética simple y vocabulario.

Además, la televisión y particularmente los videojuegos, pueden ser una poderosa herramienta educativa. En el caso de los videojuegos, el niño/a no solo es un espectador, si no que interactúa y se transforma en el actor principal del juego, de manera que consigue la atención absoluta del jugador y tiene un refuerzo positivo a la acción ejecutada de forma inmediata. En consecuencia, si el juego es imaginativo contribuye al desarrollo precoz de estas destrezas de forma que se predice la habilidad para ser creativo y generar soluciones alternativas en los problemas de la vida diaria. En el caso de que sea violento, la conducta violenta será aprendida fácilmente.

Factores como el tiempo de exposición a la pantalla, el tipo de imágenes y escenas que ven, la susceptibilidad individual o estar o no acompañados por los padres determinan el tipo de repercusión incluyendo: trastornos del sueño, miedos, la conducta agresiva y violenta, trastornos de alimentación como la anorexia o la bulimia, pobre autoimagen, uso y abuso de sustancies, trivialización del sexo y la sexualidad, actividad sexual precoz, incremento de la pasividad y abulia, obesidad, desaprovechamiento del tiempo y perdida de la posibilidad de aprender y ejercitar conductas sociales positives.

Por ejemplo, en los niños menores de 5 años existe una marcada capacidad de fantasía y  perciben las imágenes de la TV como reales y verdaderas y, hasta los 10 años su capacidad de razonamiento crítico y relacional está limitado. Por lo que, novelas televisivas o telenoticias de alto sensacionalismo y dureza de imágenes pueden provocar trastornos del sueño que alteran su cotidianidad. Una alternativa para minimizar el impacto emocional es acceder a les noticias por medios escritos.

Respecto al período adolescente, es una etapa de desorganización de la personalidad y inestabilidad de las conductas, donde la dinámica central es encontrarse a sí mismo y autodefinirse. Las investigaciones han demostrado que los adolescentes expuestos a mayor contenido sexual en los medios tienen más probabilidades de iniciar la actividad sexual de forma precoz. Otro estudio demostró una relación significativa entre la cantidad de tiempo que se pasó viendo la televisión durante la adolescencia y el inicio de la etapa adulta, y la probabilidad de actos agresivos posteriores a terceros, relación que se mantiene incluso de tener controladas variables como la conducta agresiva anterior, abandono infantil, ingreso familiar, violencia en el barrio, educación de los padres y afecciones psiquiátricas.

Por otra parte, respecto a la publicidad, en infantes tiene una gran influencia en promover el consumismo infantil y en generar presión a los padres para comprar determinadas marcas, a la vez que puede generar frustración i violencia. Se ha demostrado que los menores de 8 años están cognitivamente y psicológicamente indefensos frente a la publicidad, no entienden la diferencia entre un programa creado para entretener y otro comercial para vender. Además que un exceso de exposición a programas de entretenimiento tiene una clara y negativa influencia en la capacidad de comprender la lectura y, por ende, en su rendimiento académico.

En adolescentes, la publicidad establece patrones de belleza que ejercen presión en los jóvenes. Debemos tener en cuenta su vulnerabilidad entorno a la autoimagen, que repercute en su autoestima y autoconcepto y puede contribuir así a desarrollar trastornos de la conducta alimentaria.

Además, también hay que tener en cuenta el efecto mimético directo que se da tanto en niños como en adultos. Cuando estos son expuestos a grandes dosis de espectáculos violentos pueden llegar a ser más agresivos o a desarrollar, con el tiempo, actitudes favorables en el uso de la violencia como medio para resolver conflictos.

Los niños aprenden por observación y probando los patrones conductuales. Una repetida exposición a patrones violentos puedes llevar a aumentar sentimientos de hostilidad, desensibilización al dolor en los otros, aumentar la probabilidad de interactuar y responder a otros con violencia.

Otro efecto más indirecto es la insensibilización. Cuanto más se está expuesto a grandes cantidades en la pantalla, pueden hacerse menos sensibles a la violencia del mundo real, menos sensibles al sufrimiento ajeno y más predisposición a tolerar el aumento de violencia en la vida social.

Para poder prevenir estas repercusiones, se debe crear conciencia precozmente en la vida del niño y su familia sobre los efectos de TV, videojuegos y otras TIC y establecer claramente las reglas y el buen uso de estas tecnologías, como:

  • Se debe promover que la exposición a medios sea en familia y discutir su contenido. En los niños se debe promover un análisis crítico respecto a lo que ven. Comentar con los niños sobre la violencia y el sufrimiento que esta provoca.
  • Los padres deben ayudar a los niños a diferenciar realidad de fantasía, especialmente en relación al sexo, violencia y comerciales.
  • El tiempo de pantalla debe ser limitado a 1,5 horas los días de clases y a 2 horas los fines de semana y vacaciones. No encender la TV al azar.
  • Una hora antes de dormir sin TV ni PC (promover la higiene del sueño): la falta de sueño provoca al día siguiente distractibilidad e irritabilidad.
  • No se debe permitir que niños tengan TV, PC o Consolas de videojuegos en sus dormitorios. Especialmente Internet debe estar en un lugar de paso, y las claves de acceso deben ser comunes a toda la familia.
  • Enseñar a padres a chequear, previo al uso o compra de un videojuego, las edades para el cual está permitido, a través del sello que traen en las cajas o través de página web: http://www.esrb.org
  • En los niños mayores promover la planificación de los programas a ver y sus horarios.

Hagamos lo posible por promover un desarrollo óptimo a los nuestros mostrándoles un mundo más allá de las nuevas tecnologías, y en su defecto promoviendo un buen uso de estas.

http://www.upsocl.com/ciencia-y-tecnologia/un-divertido-corto-animado-sobre-la-lucha-de-algunas-madres-por-alejar-a-sus-hijos-de-los-videojuegos/

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